LA NOCHE OSCURA DEL ALMA

Posiblemente habrás escuchado hablar de “La Noche Oscura del Alma”, título de un famosísimo libro de poemas de San Juan de la Cruz. Sin embargo, el motivo del encabezado, que va más allá de la lectura de San Juan, se debe a un comentario de John Ortberg que me gustaría transmitiros y que enlazo con la famosa escena descrita en Génesis 32,25:

“Entonces Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta que rayaba el alba”

El Zóhar explica que la raíz de la palabra ‘luchó’ (iabek, en el hebreo original  ‘וַיֵּאָבֵק’), proviene  de las tres letras centrales (Abak  ‘אָבק’ ) que significan ‘polvo’, para decirnos que el ángel vino a Jacob levantando el polvo (אבק) que había en el terreno. Esa palabra da a entender lo que queda de una cosa que fue quemada tras un incendio, algo  así como los restos de la ceniza quemada. Ascuas. 

Sin embargo, la palabra en hebreo para designar “tierra” es otra, “afar” ( עפר’). La diferencia entre el polvo (las ascuas)  ‘אבק’ y la tierra ‘עפר’ es que el polvo no tiene valor y nunca puede dar frutos, pero la tierra, aunque sea polvorienta, sí puede darlos. Dice John Ortberg que el plano en el que vivimos es la Tierra, la verdadera Tierra, y no “el polvo de la Tierra”. 

El polvo de la Tierra representa el inframundo, que se encuentra por debajo de la Tierra que habitamos,  y en este sentido es claro lo que dice el Rey Salomón en Eclesiastés 3, 20:

“הַכֹּל הוֹלֵךְ אֶל מָקוֹם אֶחָד הַכֹּל הָיָה מִן הֶעָפָר וְהַכֹּל שָׁב אֶל הֶעָפָר”.
“Todos van a un lugar: todos son de la tierra (עפר), y todos regresan a la tierra (עפר)”.

Es decir, todo proviene de la tierra (עפר) y todo vuelve a ella, por eso la frase “Y un Hombre luchó con él”, se refiere a alguien que levanta el “polvo de la Tierra”,  elevando el  inframundo  ¿Y quién vive en el polvo de la Tierra? La serpiente que se arrastra y come del polvo de la Tierra.

La reflexión nos enseña que el otro lado, el inframundo,  no tiene luz propia y sólo es “polvo” que siempre te tiene “sobre ascuas”, temiendo lo peor, deseando tal o cual cosa. Siempre corriendo, como ya dijimos en una entrada anterior, detrás de una cometa volando… pero sin hilo.

La ‘Tierra (עפר)es la base de nuestro mundo, que nos permite manifestar todo lo que deseamos sacar de ella. Es verdad que hay oscuridad. Es verdad. Pero también es verdad que un poco de luz “fructifica” en algo de claridad aunque sea pasajera. Y eso no es posible con las ascuas.  Cuando plantamos  semillas en la tierra, ésta se vuelve fructífera, al menos en potencia. Cuando plantamos semillas en ascuas, esto no es posible. De hecho, así está revelado en la conversación de Adán después de comer la manzana:

“בְּזֵעַת אַפֶּיךָ תֹּאכַל לֶחֶם עַד שׁוּבְךָ אֶל הָאֲדָמָה כִּי מִמֶּנָּה לֻקָּחְתָּ כִּי עָפָר אַתָּה וְאֶל עָפָר תָּשׁוּב”.
“Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; Porque eres tierra (עפר), y a la tierra (עפר) volverás ” (Génesis 3:19
)

Es decir, necesitamos trabajar para sacar y ganarnos (sudar) el pan de la tierra. Es decir, “extraer luz de la oscuridad”, producir frutos de una tierra árida, porque cada deseo voluntarioso que tengamos en esta existencia  está en un estado potencial, hasta que ‘plantamos’ la semilla de lo posible en la tierra y ese “acto” es el aspecto de la conexión de la luz  (lo posible) con la vasija (lo probable) y las cosas entonces “aparecen”.

Y si bien no existe una bendición especial para decir cuando plantamos una semilla en la “tierra”, porque no podemos predecir si la “tierra” lo aceptará o no, si es factible realizar  nuestras propias oraciones y meditaciones para invitar a lo divino a que sea parte del proceso y bendecir nuestras acciones.

Y esa es la filosofía más básica de la vida: puedes hacer “A” o “B” en la vida y, a su vez, cada una de estas cosas las puedes hacer “asociadas a Dios” o “a ti mismo”. En ambos casos, puedes tener éxito o fracasar. Pero lo importante no es el resultado de la acción, sino el propósito y al servicio del porqué, para qué y para quién se hizo la acción que nos propusimos.

Volviendo a la escena del principio: 

“וַיִּוָּתֵר יַעֲקֹב לְבַדּוֹ וַיֵּאָבֵק אִישׁ עִמּוֹ עַד עֲלוֹת הַשָּׁחַר”

“Entonces Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta que rayaba el alba”

Aquí, en esta frase, está plasmada la noche oscura del alma. Jacob luchó con el ángel del inframundo durante toda la noche hasta el amanecer, que es el momento en que dicho inframundo, u “otro lado”,  pierde su fuerza. Siempre hay un momento en nuestra vida en que nos vamos a encontrar “de noche”, “solo” y “en un desierto”. Y en esas circunstancias, “alguien vendrá a luchar con nuestro Yo para hacernos sudar y dudar, y decirnos que “el otro lado” es más fuerte, que la vida no tiene sentido y bla, bla, bla… Que él sabe más que tú y, esto es lo peor, que también te puede  “conseguir” el éxito.

Pero, si te mantienes hermanado y solidario, y reflexionas sobre por qué pasan las cosas que pasan y no sacas a Dios de la ecuación de la vida, quizás escuches, en el fragor de la lucha, que alguien te dice al oído “no desesperes porque, por muy tenebrosa que sea la noche, siempre amanece”.

“וַיֹּאמֶר שַׁלְּחֵנִי כִּי עָלָה הַשָּׁחַר וַיֹּאמֶר לֹא אֲשַׁלֵּחֲךָ כִּי אִם בֵּרַכְתָּנִי.”

“Y Él dijo:“ Déjame ir, que amanece ”. Pero él dijo: “¡No te dejaré ir a menos que me bendigas!” (Génesis 32:27)

Así que, el ángel de las tinieblas pidió ser liberado porque llegaba la mañana.  Je, je…. ¿Quién lo iba a decir?

Ahora se puede casi entender el Cantar de los Cantares cuando dice en  6:10:

“מִי זֹאת הַנִּשְׁקָפָה כְּמוֹ שָׁחַר יָפָה כַלְּבָנָה בָּרָה כַּחַמָּה אֲיֻמָּה כַּנִּדְגָּלוֹת”.

” ¿Quién es aquel que se ve como el amanecer, 

hermoso como la luna, claro como el sol, 

imponente como un ejército con estandartes?”

Somos nosotros, Los Hermanos bien avenidos, los que luchamos cada día removiendo las ascuas para separarlas de la tierra “Buena”. Nosotros y todos los que fuimos capaces de sobrevivir a nuestra noche oscura del alma. Entonces, el Alba abrirá una abertura de luz muy pequeña y fina. Luego abrirá otra abertura, que es un poco más grande, y así sucesivamente hasta que Dios nos abra las puertas celestiales a la luz del día en las cuatro direcciones. Es decir, que la alegría de vivir no vendrá de una sola vez, sino que llegará como la luz del amanecer, que va aumentando hasta que, casi sin darte cuenta, se muestra la luz completa del día.

Por tanto, te deseo de Corazón que sigas la lucha de Jacob contra la oscuridad hasta que llegue la mañana, porque siempre amanece. Mantengamos la lucha hasta el momento en que Dios nos abra un nuevo canal de luz al que podamos aferrarnos y transformar las tinieblas en bendiciones. La Edad Media pasó, la peste pasó, la Revolución Francesa también pasó, pasó la esclavitud, pasó Hitler y lo que estamos viviendo ahora, la pandemia, la crisis, la incertidumbre y nuestra noche oscura del alma, tanto a nivel personal como a nivel colectivo, “también pasará”. Y el Ángel del inframundo nos suplicará que le dejemos ir, pues “está amaneciendo” y se tiene que ir.

Así pues: Cualquier cosa vale para este año nuevo menos abandonar la pelea. Por tu bien. Por nuestro bien.

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