28. LA FÓRMULA DEL MATASUEGRA

Pensamos que somos nosotros los que pensamos… pero ¿Es eso así? 

Hay muchos físicos que están convencidos de que cada pensamiento es un fotón de luz. Uno de estos físicos fue un tal Werner Heisenberg, premio Nobel de Física en 1932 por «la creación de la mecánica cuántica». Como cada “santo” o “iluminado”, tuvo sus luces y sus sombras a lo largo de su vida. Jugó un papel fundamental en la puesta en marcha del primer reactor nuclear alemán en 1957, pero también parece ser, aunque no de forma clara, que algo aportó durante la II Guerra Mundial al programa de armas nucleares de los nazis, que a su vez antes lo habían atacado por considerarlo un representante de la “ciencia judía” (relatividad y cuántica).

Fuera como fuera, aquella etapa oscura de su carrera científica terminó con Heisenberg capturado en 1945 por las fuerzas aliadas en Alemania, y encarcelado en Inglaterra dentro de la operación Épsilon junto con otros grandes científicos implicados en el proyecto nuclear alemán. Su aportación a partir de aquí ha sido decisiva para la física cuántica de hoy día. Formuló el famoso principio de incertidumbre que  dio el espaldarazo final a la llamada “Filosofía indeterminista”  y a la famosísima  teoría del campo unificado, una especie de “teoría del todo” para explicar las fuerzas fundamentales y las partículas elementales, que hoy  día sigue siendo considerada el santo grial de la física de partículas… y de la psicoterapia. 

En esta entrada nos centraremos en el Principio de Incertidumbre, sin embargo, añadiremos un poco de perspectiva diciendo que, hasta Heisenberg, la doctrina determinista afirmaba que “todo lo que ha habido, hay y habrá, y todo lo que ha sucedido, sucede y sucederá, está de antemano fijado, condicionado y establecido, no pudiendo haber ni suceder más de lo que está de antemano fijado, condicionado y establecido”. Así decía Julio Cesar: “Alea Jacta est”. La suerte está echada. 

Esto es lo mismo que decir que la  naturaleza en la que vivimos insertados es como un gigantesco mecanismo de relojería (con átomos en lugar de ruedecillas) que está sola consigo misma, predeterminando con sus propias leyes cualquier tipo de movimiento sin lugar alguno para el azar. Desde esta perspectiva, seguimos tirando del ovillo, es entonces imposible que una voluntad “divina” se inmiscuya o entrometa en el engranaje de estos movimientos. Es decir, “Dios” no podría influir en el futuro sin entrar en conflicto con la determinación de las leyes de la naturaleza que “Él” mismo creó.  Ofú.  

Pero… Esta manera de pensar empezó a cambiar en 1927, cuando el señorito Heisenberg estableció que en los sistemas cuánticos no es posible una determinación completa de su comportamiento o futuro,y que es imposible medir simultáneamente, y con una precisión absoluta, el valor de la posición y la cantidad de movimiento de una partícula determinada, y que la incertidumbre derivada de esta apreciación no corresponde al instrumento de medida, sino al propio hecho de pretender tomar dichas medidas.  Y que incluso empleando los instrumentos más precisos y exactos jamás imaginados, el principio de incertidumbre se mantiene estable y vigente. Es más, cuanto mayor sea la precisión en la medida de una de las magnitudes, mayor será la incertidumbre derivada en la otra variable complementaria. Ofú + Ofú. 

Y ahora viene el “tercer y definitivo ofú”. Este Principio de física cuántica nos viene a decir que “observar supone ya de por sí modificar” el elemento observado (para mal o para bien) y  ello implica que “la observación por el ojo”, cuya “intención” y procesamiento proveniente de nuestro pensamiento, modifica por sí sola…. entonces ¿“Pensar en un objeto” también podría alterarlo para mal o para bien?. La pregunta del millón sería: ¿Pensar bien, de forma benevolente (o lo contrario) mejoraría o empeoraría el estado sobre aquello que se piensa? . 

Jean Pierre Garnier Malet, otro crack, esta vez contemporáneo, enunció  la teoría del desdoblamiento del tiempo basándose en  que la luz es partícula y a su vez onda, y el ser humano, por inferencia, sería “cuerpo” (luz corpuscular o partículas) y “pensamiento”(psique o luz en forma de “ondas”),  y que podríamos pasar, al menos en teoría, de una a otra forma de luz según nuestras necesidades y que el único obstáculo para hacerlo es… la mente. 

Y ahora enlazamos con el principio de esta entrada intentando cerrar el círculo: pensamos que somos nosotros los que pensamos, pero no es así. Nuestro pensamiento es la onda de  luz reactiva como contestación al enorme acúmulo flotante de “pensamientos”  que nos bombardean desde fuera e inciden en nuestra psique. Sólo un entorno equilibrado, con personas que piensen de forma benévola sobre ti, hará que pienses de forma benévola y equilibrada hacia tu entorno. Claro que hay muchísimas personas de la vieja era que aún siguen  erre que erre abanderando aquel refrán de “Piensa mal y acertarás”. Ahí lo dejo: especial atención a partir del minuto 2.00 del siguiente video :

Un comentario sobre “28. LA FÓRMULA DEL MATASUEGRA

  1. Tan sólo ayer estaba yo pensando en el poco margen de Libertad ( si no inexistente) a la hora de tomar decisiones o, incluso, pensar. Me vi producto de todas esas creencias, éticas y moral que me han hecho esclava de decidir por una cosa u otra; sí apenas considerando que, al final, mi pensamiento no sea más que otra onda de energía y luz que se mueve sin mí. Un abrazo para todos esos gansos.

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