27. ABRIENDO PUERTAS

La vida nos invita continuamente a cambiar, pero nosotros siempre nos resistimos. Ese temor al cambio es como un pequeño “animal” egoísta que existe y no quiere salir de su agujero. Todo es bueno para él, o al menos todo le es familiar, y ya está cansado de “malas noticias” y harto de que algo quiera sacarlo de su zona de confort, así que se alía con la razón para hacernos ver el cambio como algo negativo. Sin embargo, es realmente a través de esas situaciones “negativas” que, tras haberlas superado, avanzamos y crecemos y, aunque las intentemos esquivar, las incomodidades pasadas terminan convirtiéndose en una oportunidad para  aprender ¿La conclusión? Esos retos de la vida resultan muy necesarios.  

El debate que se establece entre, por una parte, lo que nos dicta el temor al cambio, el cual se alía con la razón para buscar todo tipo de argumentos que nos convenzan de que mejor nos quedamos como estamos o, como dice el refrán, “más vale malo conocido que bueno por conocer”; y, por otra parte, la fuerza que, por encima de ese temor, nos empuja a aceptar el reto para hacer algo diferente y empezar a cambiar nuestra actitud ante la adversidad.

Un buen comienzo podría ser que empezáramos a usar buenos sentimientos y amor altruista. De hecho, el ser humano posee estas cualidades, pero está claro que solemos decantarnos hacia el beneficio propio en lugar del beneficio de todos, aun cuando por razones puramente egoístas deberíamos intentar hacerlo si, imaginando que la vida estuviera llegando a su fin, no encontráramos  respuesta a la pregunta: ¿Para qué viviste? 

Y es que si no queremos existir el número de años que nos fueron dados en este cuerpo como un animalillo que se rige por su instinto y sus apetencias, y queremos elevarnos por encima del temor al cambio para alcanzar el nivel de perfección de toda la Naturaleza antes de que este cuerpo cese de existir, entonces deberíamos cambiar nuestra actitud egoísta hacia el mundo.

Imaginemos dos líneas, en la de la izquierda el egoísmo y en la derecha el altruismo. La línea izquierda ve todo dentro de la razón que calcula constantemente en qué medida me es beneficioso todo aquello que llega, haciéndome sentir siempre incompleto y lleno de carencias, mientras que la línea derecha está por encima de lo que me dicta esa razón calculadora. Pero como dijo Rabash, sería imposible ir por encima de la razón antes de tener una razón lógica que me muestre la situación cómo razonable, sólo entonces podré decir no a lo que la mente con sus temores me quiere obligar a hacer y,  por encima del intelecto, aceptar el reto de cambiar mi naturaleza egoísta. 

Es decir, si la vida nos plantea dificultades, con la actitud de cambiar nuestra tendencia natural al egoísmo, podremos buscar cómo escalar por encima de ellas con la intención de terminar siendo mejores personas, y juntas (dificultad y aprendizaje), formarán una línea media por la que iremos progresando. La regla en Cabalá dice que la línea media es una fusión de las dos líneas sobre las que hemos hablado, y esta es la razón por la cual la línea media se llama “paz”, ya que requiere de las otras dos, opuestas y necesarias. Después llegará el siguiente escollo, pero ya sabremos que, con la actitud correcta, podremos seguir avanzando. Así que si la vida te trae limones, con alegría, haz limonada para todos. 

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