24. EL PUNTO CIEGO

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezequiel 36:26)

Hay personas, no voy a decir yo, que están dispuestas a hacer lo que sea, ceder cualquier tipo de status y autoestima o soportar un mínimo de humillación, en nombre de la amistad. Tienen un sentido de la lealtad y una necesidad de sublimar la amistad que no dudan en perdonar mil y una veces si es necesario cualquier ofensa, deslealtad o traición implícita entre “caballeros”, colegas, compañeros ideológicos, etc… Todo con tal de no perder o desagradar a esa persona que se admira. 

Dentro de ese grupo de personas están, además de mi,  las madres que pagan una y otra vez las deudas que contraen sus hijos. Saben que lo que hacen no es correcto, pero terminan justificándolo en nombre el amor.

La amistad debería ser un nivel superior al amor porque, al fin y al cabo, la amistad es altruista y en el amor se espera ser correspondido. La tragedia de esto no es el supuesto masoquismo del amigo fiel, sino cómo el corazón de piedra de aquella persona supuestamente admirada, con el tiempo y ante la debilidad del que ama, se vuelve cada vez más cruel hasta llegar a ser irreconocible por él mismo. Es el llamado punto ciego del que siempre busca (y encuentra) fallos en lo que tiene delante.

El punto ciego no  deja ver su propia podredumbre, su propia amargura y su terrible mala suerte de no ser capaz de darse cuenta que su pétreo corazón ya no le permitirá arrepentirse de nada de lo que hizo  pues está convencido de que todo lo que ha hecho lo ha hecho bien. Si te fijas bien, los eventos de sus vidas, les coronan. 

Honestamente, no creo que sea maldad. Nada que ver con ella. Es ceguera. Es dureza de corazón, rigidez de mente, distancia emocional. Es una actitud ante la vida. No tienen nada que ver con la maldad, sino más probablemente lleven arrastrando una herida en su narcisismo que les sangra y les obliga a alimentarse de la sangre derramada tras pisotear al prójimo.

Si miras su vida sin necesidad de lupa, observarás que ya llevan demasiado dolor en lo alto. Su desgracia es que nunca podrán arrepentirse porque no sabrían a ciencia cierta de qué tendrían que arrepentirse y cuando lo “ven” ya no hay nadie a quien pedirles  perdón ni nada susceptible de poder ser arreglado ya. En algunas hermandades, los llaman “los otros”. Obviamente, para ellos, nosotros también somos “los otros”. Habrá que escribir, si Dios me presta vida, sobre este tema nada baladí. Porque entre estos “los otros” y aquellos “los otros” se encuentra ni más ni menos …….todo el espectro de lo que llamamos dualidad. Escuchen (vean) el vídeo propuesto.

Un comentario sobre “24. EL PUNTO CIEGO

  1. “La amistad debería ser un nivel superior al amor”, qué frase grande. Y lo es, ciertamente. De hecho, cuando entramos en fases de soledad… muchos de nosotros pensamos que “no tenemos amigos”, y no siempre que “no tengamos amor”. Así de importante es. La amistad es otra manera de corregirnos, nos ayuda a elevarnos más rápido cuando es sana y es , de verdad, altruista. Eso creo yo…. besos a todos y todas.

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