20. LA RUEDA DEL SAMSARA

Hay locuras tan vivas tan y sanas y tan puras que una de ellas será mi morir. Silvio Rodriguez

El Dalai Lama enseña que todos los fenómenos  se originan de manera dependientes entre sí por relaciones de causa-efecto, lo cual nos sugiere la enorme y total interdependencia de todo lo que existe. Esta es la base común de todas las escuelas Budistas sobre la que se apoya la idea de que tenemos una esencia metafísica que se encarna en una “base” o recipiente “físico” viviendo lo que los Budistas llaman la “Rueda del Samsara” para que aprendamos. Pero… ¿Qué es lo que aprendemos? Pues aprendemos nada más, y nada menos, que a conocer y entender la naturaleza humana y del Universo, y nos enfrentamos desde la ignorancia a ese aprendizaje con nuestras potencialidades, carencias y condicionamientos a lo largo de nuestra corta, mediana o larga existencia, dependiendo de cada caso.

La importancia de esta base conceptual es que no existen errores de la naturaleza y que todo ser humano ha venido a este mundo a trascender su ignorancia con el software que ha traído. Este concepto también coincide con las enseñanzas de la Cabalá que habla del “Guilgul” o “Rueda de la Vida”. Gurdjieff allá por el año 1920  fue el que trajo a Europa este concepto básico del budismo como introducción a las enseñanzas de su obra  “El Cuarto Camino” y sobre la cual se desarrollaron las enseñanzas de Oscar Ichazo y de Claudio Naranjo, recientemente fallecido, cuyo trabajo existencial fue la revelación y aplicación de todos estos conceptos  al autoconocimiento, los Eneatipos, la pasión humana y la máscara con la que nos protegemos de aquello que nos hace sufrir.  

Mediante esta base teórica de conocimientos ancestrales podemos adquirir las herramientas necesarias para superar y trascender esta encarnación que nos ha tocado vivir. Maurice Nicholl, un psiquiatra escocés fallecido en 1953 que  fue discípulo de Gurdjieff, incidió mucho en el tema del fracaso de la educación en nuestro mundo occidental como causa de infelicidad y frustración, en especial, en lo que nos atañe a nosotros, los europeos. Según el Dr. Nicholl y sus discípulos, entre los que se encuentra el Dr. León Azulai, contemporáneo nuestro, la verdadera educación es la capacidad de transmitir el porqué y el para qué estamos en esta vida y la optimización de este aprendizaje de la naturaleza del Hombre y del Universo. En base a esto nos toca preguntarnos: 

¿Ha habido en los últimos siglos en Europa una educación orientada a esta esencia?

 ¿Va a haberla con  los líderes actuales o los que están por venir?  

¿Es posible entender en el siglo XXI, con la enorme carga de información de la que disponemos y los avances tecnológicos con los que interactuamos, la violencia que existe en nuestro mundo? 

¿Te extraña nuestra actual polarización y radicalización ideológica y/o política? 

¿Te extraña la enorme ignorancia deductiva con la que hemos concluido nuestro “confinamiento”? 

¿Eres capaz de deducir cuánto hay de verdad en aquellos aplausos a médicos o en los planteamientos de los gobernantes de los países en general?

 ¿Fue una manipulación vírica? 

¿Has podido contabilizar la cantidad de “fake news” que han pasado por tu WhatsApp? 

Más aún… ¿Es posible entender la cantidad de incertidumbre, malestar y conflictos que existen actualmente en nuestras vidas y al servicio de qué fuerzas pensamos, sentimos y trabajamos?

Y lo más importante :

¿Crees que esto es el principio de una dinámica ?

¿Sabemos lo que hay que hacer para que esto no ocurra “Nunca más”?

Quizás es el momento de reconocer que la educación que hemos recibido no ha cubierto las necesidades elementales de nuestra esencia y que hoy, a pesar de tantos adelantos en conocimientos físicos y metafísicos, seguimos sin saber (o lo sabemos y lo guardamos en un cajón) nuestra propia naturaleza (por qué hacemos lo que hacemos y por qué no hacemos lo que no hacemos) y la del Universo (cuántos Universos hay, Quién nos creó y para qué, Quién es Dios y dónde está Él etc….). 

Me da la sensación, amable lector, que de la misma manera que un padre o una madre castiga a su hijo “al rincón de pensar” o “ a su cuarto”, la Humanidad ha estado muchas semanas confinada también en su “cuarto”, en el rincón de pensar, para meditar sobre qué es, y qué va a ser  de nosotros y, sobre todo, cuántas vueltas le queda a la Rueda del Samsara. En fin, quizás nuestra “locura” “lo-cure” todo…

Hay locuras para la esperanza, hay locuras también del dolor y hay locuras de allá donde el cuerdo no alcanza locuras de otro color. Hay locuras que son poesía, hay locuras de un raro lugar, hay locuras sin nombre, sin fecha, sin cura que no vale la pena curar. Hay locuras que son como brazos de mar, te sorprenden, te arrastran, te pierden y ya, hay locuras de ley pero no de juzgar. Hay locuras que son la locura, personales locuras de dos. Hay locuras que imprimen dulces quemaduras, locuras de diosa y de dios. Hay locuras que hicieron el día, hay locuras que están por venir, hay locuras tan vivas, tan sanas, tan puras que una de ellas será mi morir.

2 comentarios sobre “20. LA RUEDA DEL SAMSARA

  1. ¡Me alegra mucho poder comentar en vuestro blog! Gracias. El verso de Silvio Rodríguez lo dice bello y claro, además de que me conecta con mi hermano y con esa parte bonita y delicada de su manera de irse. No estoy segura de si podemos elegir siempre cómo dejamos esta vida pero sí podemos elegir cómo la vivimos. Atendiendo a conspiraciones y a todo aquello que no podemos controlar nos enloquecemos a una velocidad desorbitada. Lo sabia ya de antes pero, últimamente, lo veo en algunas personas que quiero, amigos y amigas… el confinamiento nos ha enviado al rincón de pensar y creo que a muchos al rincón de lo absurdo. Yo me concentré más que nunca en el presente, y creo que ha sido bueno. El ser humano es disperso por naturaleza, por eso tenemos la obligación tácita de concentrarnos cada día y practicar la reflexión si queremos mantener la cordura. Un largo abrazo para estos gansos…

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  2. El ser humano es disperso por naturaleza, por eso tenemos la obligación tácita de concentrarnos cada día y practicar la mirada hacia dentro….uhm … Sabias palabras

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