57. DAMOCLES

Desde hace ya unos años –probablemente desde el evento de las Torres Gemelas–  podemos ir sintiendo cómo, a la cabeza del mundo occidental, se le va acercando cada vez más su espada de Damocles.

Solo basta ver:

  1. Las imágenes de violencia. 
  2. La escenificación del, cada vez más, desbordamiento de nuestras contradicciones internas. 
  3. La hiperpolarización ideológica.
  4. La pandemia (y lo que vendrá después de la pandemia…) 
  5. Las persecuciones a través de redes –lo llaman jauría virtual– que se hacen ante la disidencia ideológica.

Seguro que hay quien piensa que el mundo es cada vez mejor, más seguro, más libre, más “ideal”; pero, honestamente, si nos atenemos a la objetividad de nuestro discernimiento, me da la impresión que nos alejamos del polo de la vida y, si miramos hacia arriba, podemos ver nuestra espada de Damocles.

La historia de la espada de Damocles arranca  entre el siglo IV y III a.C., de mano de Timeo de Taormina, un historiador griego que se dedicó a escribir una Historia sobre la ciudad de Sicilia cuando fue conquistada en el año 316 a.C. por el tirano Agatocles. Timeo tuvo que exiliarse en Atenas y, allí, comenzó a escribir sus obras históricas. Probablemente regresó a Siracusa unos años antes de morir, cuando la ciudad estaba bajo el poder de Gelón II.

La historia cuenta que Damocles era un miembro de la corte del rey Dionisio «El Viejo», un sanguinario tirano de Siracusa del siglo IV a.C. Como cortesano, Damocles era un constante adulador que pasaba sus días envidiando los lujos y comodidades del rey.

Las repetidas adulaciones envidiosas llegaron a los oídos del soberano y planeó una estrategia como escarmiento para Damocles. Le ofreció intercambiar los roles por una noche para que pudiera experimentar personalmente los placeres que tanto envidiaba. Se organizó un gran banquete para Damocles, que ocupó el lugar del rey y gozó de todos los lujos y privilegios de su título temporal.

Todo estaba bien hasta que Damocles miró hacia arriba y advirtió una afilada espada atada por un único pelo de crin de caballo que pendía sobre su cabeza. De repente, se le quitó no sólo el apetito, sino que los nervios lo obligaron a rechazar el sueño de ser rey con sólo ver la espada amenazante. Le pidió al rey abandonar su puesto, alegando que ya no quería seguir siendo tan afortunado.

Por esta historia, se menciona la espada de Damocles cuando uno se quiere referir a una amenaza constante que puede llevar inesperada y repentinamente a un trágico desenlace. Una excelente metáfora de los inminentes peligros y el precio que se paga por un gran poder. También, la expresión viene a referir los peligros que tiene el exceso de adulación a uno y otro lado “dominante”.

Hemos visto por la Televisión revueltas callejeras violentas. No estoy hablando de España y/o de la situación política actual, me refiero a nuestro mundo occidental. Vimos el numerito del capitolio y  vimos por televisión un hombre bisonte liderando una revuelta, vimos asesinatos de negros a manos de la policía, vimos manipulación de datos, vimos manipulación “en manada”, vimos un presidente que, malo o bueno, se resistía a irse y hemos visto prevaricaciones. Las últimas en nuestro país dejan en pecata minuta las primeras (la del Hermano de Alfonso Guerra, la del Dioni… ¿Se acuerdan?).

No. No es nuevo. Esta realidad no es nueva. Lo nuevo es que ahora es colectivo. Antes, asistíamos a  un disidente, o un equivocado, o un desagradecido, o un iluminado que hacía ruido. Ahora son hordas sectarias que captan adalides “espada en mano” que dicen “conmigo o contra mi”. Lo ves en Cataluña, pero también lo ves en el Gobierno de aquí y en el de Pekín. Y en América, la del norte y la del Sur. 

 ¿De dónde viene tanto caos y agresividad? Y la respuesta es… de la expectativa frustrada.

Si te fijas bien, la mayoría de revueltas se nutren de jóvenes. Le hemos dicho a los jóvenes que son el futuro y que, todo lo que hacemos los supuestamente adultos, es para ellos. Y, ahora, ellos observan que no hay futuro.

Les hemos vendido un futuro de humo y, aquellos jóvenes que sienten que no tienen un sitio en ese futuro de humo, que no están preparados, que no estudiaron, que no trabajaron (bien porque no saben, o bien porque no quieren o bien porque no pueden), se cabrean (se rebelan) y se vuelven “antisistemas”.

No son de derechas ni de izquierdas, son extremistas que no tienen parte en este mundo y buscan un reseteo caótico para otro tipo de sistema donde ellos tengan cabida. Lo que no saben es que, después de ese nuevo sistema, saldrán los antisistemas del nuevo sistema y así sucesivamente.

La culpa es nuestra y la responsabilidad también. Esa es la espada de Damocles acercándose a nuestras cabezas. Ya  no es el ISIS, esos vienen con espadas físicas, y los nuestros vienen con la de Damocles, la espada Ideológica. Mejor dicho Anti-Ideológica. No miren para arriba, vaya a ser que vean una espada pendiendo de una crin de caballo y se les pase las ganas de seguir leyendo…..

56. NO SE DAÑA A QUIEN SE QUIERE

“Homo homini lupus: El hombre es el lobo del hombre… El hombre es un lobo para el hombre” 

En mis tiempos, el “Melillero” era un ferry de la compañía Transmediterránea que hacía la ruta, tres días en semana, del Mar de Alborán (Málaga-Melilla y Viceversa) durante la noche porque el viaje duraba más o menos unas 8 horas.

El “Melillero”, hoy día, es el hijo de Abdou (un legionario nacido en Senegal), y ha pasado a la historia de la oscuridad por arrojar “ácido sulfúrico” a la cara de Sandra, su ex-pareja, aunque bien podría haber sido su “pareja”, o una amiga, o una ex-amiga… vaya usted a saber. En cualquier caso, alguien con la mala fortuna de haberse cruzado en la vida con un “lobo”.

Dice un libro denominado “Mozne Tsedek” (La Balanza de la Justicia) que el Abuelo es para su familia como un profeta es para su Pueblo. De eso, los Judíos sabemos un rato. Mantenemos el contacto con nuestra línea ancestral. Los ancianos de hoy día saben que hay muchos melilleros y muchas Sandras en la vida. De hecho, los hay, los hubo y los habrá. Quizás, hoy más que ayer, pero menos que mañana, como dice el lema de la medalla del amor. Paradoja de la vida que diría el mío (me refiero a mi abuelo).

No todos arrojan ácido sulfúrico a la cara, pero casi. Los hay con otras prestaciones, aparentemente, más comedidas que arrojan calumnias, insultos u otras variantes corrosivas sobre una también variante de la cara: el corazón o el alma del resto de bobalicones del mundo (o sea, nosotros). 

Para ellos, siempre hay un motivo. En realidad, siempre hay un “motive” para hacer algo. Nadie hace algo sin motivo. El terrorista tiene sus motivos, el suicida tiene sus motivos, los hijos de Abdou tienen los suyos, los bobalicones también. Parece mentira que en una sociedad tan “desmotivada” existan tantos motivos sueltos por ahí. Otra paradoja.

Tener “Motivo” no significa “tener razón”.

Detrás de un motivo suele haber  un sentimiento o un pensamiento. Lo malo del primer caso es que, si el sentimiento cambia, el efecto corrosivo del ácido permanecerá. Me pregunto ¿Tendrá ese acto perdón? ¿Perdonará Dios? ¿Perdonará Sandra? ¿Y en los casos en los que yo, de una manera u otra, haya echado, a través de mis palabras, ácido al Corazón o al alma de algún ser humano, con o sin “motivo”, se irá el efecto corrosivo? ¿Me perdonarán? 

Leo en la prensa acerca del Hijo de Abdou:

“Sus padres hace mucho que dejaron de intentar controlar a José Arcadio, un animal salvaje y malo como es él”, explicaba este viernes al reportero un melillense que conoce bien a Abdou Majid D. D., el legionario nacido en Senegal y casado con Saida N., una marroquí de nacimiento, pero nacionalizada española.

“El hijo es el diablo”, asegura un militar que coincidió con Abdou durante un tiempo en la ciudad autónoma.

Sandra tiene afectado el 45% del cuerpo, con quemaduras “muy profundas”, principalmente en el rostro, el cuello y el pecho. Sus vías respiratorias también están dañadas. Su amiga tiene una evolución más favorable, aunque continúa grave en un hospital de Málaga con quemaduras en la cuarta parte de su cuerpo.

Dicen de Jose Arcadio que “es un lobo de colmillo afilado” y que, antes de cometer la barbaridad que cometió con Sandra y Cristina,  ya llevaba un año en busca y captura. Con una veintena de reseñas policiales en su expediente, tenía siete órdenes de detención por robo con fuerza, malos tratos, conducción sin carnet… Tres de ellas conllevan su ingreso inmediato en prisión. 

Y es que, cuando el Mal anda suelto de su jaula, es difícil echarle el lazo. Igual pasa con nuestro mal humor, nuestra lengua, nuestra mirada, nuestra indiferencia o nuestras “armas secretas”, una vez que las sacamos a pasear…

Pero somos cómplices. De él y de los otros que son “como él”. Porque, mientras que no nos ataquen a nosotros, todos callamos porque somos muy políticos y correctos e, incluso, le pedimos su voto. Mientras su manada ríe las gracias al lobo alfa y lo tapan como una disculpa: “Es que tiene un pronto malo, pero es bueno”. 

Su novia rompió con él a mediados de diciembre cuando, en una discusión, ella sufrió un corte profundo en una mano con un cuchillo. En el hospital, donde la cosieron, dijo que había sido el perro. Debía haber dicho un lobo y, así, aunque mintiera, nos hubiera dado una pistilla…

A partir de ahí, José Arcadio comenzó a amenazarla y perseguirla, hasta que la quemó con ácido. Pero, ¿Cómo ha podido suceder? ¿Cómo un prófugo de la justicia ha podido pasar un año sin que se le aprese y acabar dejando a dos mujeres al borde de la muerte? se pregunta ahora “el entorno” de las víctimas (y el del agresor). Pues porque es un lobo que lleva en la sangre “atacar” para sobrevivir.

Sabe que no es querido. Sólo temido. Ni siquiera respetado. Eso lo lleva desde pequeñito, no es que la vida lo haya tratado así. Siempre encuentran una manada que los jaleen y les ría sus gracias. En el fútbol y en el  antiguo Israel esas cosas no podían pasar porque, allá, en el desierto, si la cagabas, te sacaban del campamento siete días.  

Parece mentira que nadie le haya podido decir o enseñar que no se daña a quien te quiere. Tampoco a quien no te quiere, pero a los que te quieren… “jomío” ¿Cómo y quién te va a perdonar haber restado luz y alegría al mundo con lo justito que andamos de electricidad?… ¿Será que quieres que volvamos a las antorchas y a los quinqués? En el fútbol te sacan tarjeta por mucho menos que eso y te tienes que ir, ya seas Messi o el padre de Messi. 

Sigo leyendo la noticia:

“Algunos le sacaban tres y cuatro años. Formaron una banda que traía loca a la ciudad”, explica una alta fuente policial. Robos en casas y coches, peleas, agresiones a otros menores, vandalismo… Se le detuvo en tantas ocasiones que pasó a estar tutelado por el gobierno de Melilla durante sus años de adolescencia, lejos de su familia. Los jueces conocían bien sus fechorías, pero…. 

Y este es el mundo paradójico en el que vivimos, en el que, aun a pesar de tener tecnología y libertad democrática, tenemos miedo de salir de casa, vaya a ser que nos topemos con un virus microscópico que no veíamos venir, pero no tememos intimar con un lobo humano que si veíamos venir….. 

55. AVERÍA EN LOS CONFINES DE LA GALAXIA

Habíamos escrito en la entrada 42 (Relaciones Asimétricas) que el Universo guarda una simetría, que llamamos “Simetría Sagrada”, que es la que sustenta, de forma “sana” y armónica, las relaciones entre las personas, no sólo en las relaciones de pareja, sino también entre amigos, compañeros de trabajo, familiares, etc… Y cuyos principios, según explicábamos en aquella entrada, eran: El principio de equivalencia humana (la igualdad de todos los seres humanos como premisa básica), más el  principio de cuidado al otro y de sí (uno puede ocuparse de sí mismo sólo si se conoce y, con más razón, podrá, en ese estado de conciencia, “cuidar” y ocuparse del “otro”), y por último el principio del compromiso (mirar al otro, dejarle su espacio vital y, no sólo darle su espacio sino, además de hacerlo visible y tenerlo en cuenta, respetarlo. Y, por respeto, queremos decir “darle su sitio”).

Estos tres principios, escribíamos entonces,  son los que definen las relaciones simétricas y concluíamos que  la simetría es, precisamente, la Ley que sustenta el Orden de Amor al que antes habíamos hecho referencia.  

Avería en los confines de la Galaxia es un libro  de un autor Israelí galardonado en 2019 con el Sapir Prize y el National Jewish Book Award que tiene como hilo conductor precisamente la pérdida de esa simetría y, por tanto, nuestra incapacidad de comunicarnos entre nosotros, nuestra incapacidad  de comprender el mundo que nos rodea y, sobre todo, nuestra incapacidad de entendernos los unos a los otros.

En definitiva, el libro, que da título a nuestra entrada de hoy, trata de todo aquello que hemos planteado en los últimos post de este blog cuando “algo se rompe” en el corazón del Universo y de cómo, aún sin haber sido reparada la avería (incluso sin ser consciente de que se ha producido la avería), esperamos que amanezca en nuestra semioscura existencia con esa luz que siempre ha estado titilando en nuestra noche y que mantiene viva la chispa de una conexión universal. Y, esta vez, cuando digo “universal”, quiero decir “Dios”. Así. Sin más (pero sin menos). 

El autor de este libro,  Etgar Keret, es un profesor en el departamento de Cine y Televisión de la Universidad de Tel Aviv. Su tesis es que la “pérdida de esa simetría” produce la desconexión de nuestra fuente de origen y la pérdida de conexión nos lleva a perder la capacidad de empatizar y esto, a su vez, nos lleva a la no-comunicación, con todo lo que ello supone.

No es ningún desconocido. Su película Jellyfish, mereció los premios Cámara de oro, Mejor Película y Mejor Guión en la Semana de la Crítica, en el festival de Cannes de 2007. Etgar  ha sido condecorado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras 2010 por el Ministerio de Cultura de Francia.

El tema da para elucubrar toda nuestra primavera 2021 y supone  una nueva vuelta de tuerca conceptual a todas las vergüenzas y vulnerabilidades que nos ha mostrado el Virus SARS desde Marzo del pasado año 2020, sobre lo cual ya hemos escrito, y viene a decir que no somos tan listos, que somos insolidarios, que vamos a lo que vamos y que, en palabras del autor de este libro, vivimos en la “Eurovisión del victimismo”. Sólo tienes que atender a programas como Sálvame Deluxe, la Isla de las Tentaciones, Gran Hermano, etc…

La profunda empatía que sentía Etgar por sus padres, supervivientes del Holocausto, le llevó desde muy pequeño a bloquear sus deseos y sentimientos. De hecho, nunca lloraba ante ellos ni les llevaba la contraria. 

“Sentía que no tenía derecho a quejarme si otros chavales me pegaban o me quitaban juguetes cuando sabía que mi madre, desde muy niña, había visto morir por disparos a su madre y a su hermano y había perdido a su padre un año después. De alguna forma, quería compensarlos por esa vida tan penosa”……

Uah! : eso sí que es saber caminar hacia delante pero mirando por el retrovisor para ver lo que vamos dejando atrás en nuestro avance. 

No podemos decir que lo que  hacía lo hacía por amor a sus padres, sino por respeto,  porque su  madre se crió tan carente de amor en un orfanato que, de adulta, “no se puede dar lo que uno carece”. Su madre no sabía llevar una familia, pero, consciente de sus carencias, eligió compensar con otros “recursos”.  Con sus dos hermanos —una ultraortodoxa con 11 hijos y un activista propalestino— creció en un hogar que era como una comunidad, donde todos opinaban, todos sugerían, todos decidían y todos acataban.

Cuando has crecido en ese contexto –dice él en una entrevista– es muy difícil estar, por ejemplo,  en el Ejército, donde nadie quiere que pienses y hagas cosas por ti mismo. Y en esa tesitura llegó, como todo en la vida, el día de su despertar: El día en que su mejor amigo, también soldado, se suicidó y murió en sus brazos. 

Ese día me di cuenta de que en algún lugar de la Galaxia había una avería y que nadie se había  dado cuenta. Y esa avería se llama “DESCONEXIÓN”.

En ese momento, decidió  ejercitar el músculo más débil del cuerpo humano: el de la empatía, el eslabón débil de nuestra esencia. Fue entonces cuando creó su propia Hermandad de los Gansos mediante sus libros y sus cortometrajes, y el axioma de su hermandad es “Actitud”. Una actitud neutra, equidistante entre un polo y otro ideológico, manteniendo un criterio propio, una autocrítica equilibrada, una coherencia y un espíritu “libre”.

La prueba de que va por buen camino es que tanto la Derecha como la izquierda israelí no lo tragan, precisamente por ser “un verso suelto”. Y es que  se puede ser un verso suelto y estar dentro de un libro de poemas. De eso se trata. Es todo lo contrario del “tribalismo” de la postverdad al que nos referíamos al hablar de Garbancito ¿Recuerdan?

Ese es el mérito de este señor y su aportación al mundo. Garbancito tiene su responsabilidad, Rociito también y no te digo nada de Antonio David. Y los que vemos estos programas tenemos la nuestra. Es decir, nosotros alimentamos el despropósito y lo vemos todo como una película que seguramente tendrá un final feliz, olvidando que muy pocas veces hay un final feliz cuando el guión está desconectado y las escenas hábilmente manipuladas. Lo que siempre hay es un final.

Sólo existe el final en el mundo físico, por eso se llama “finito”, porque como está escrito en alguna hoja del libro de las crónicas del mundo que me leía mi abuela cuando era muy pequeño:

Nada es Eterno: El café se enfría, el Humo se disipa.

El tiempo pasa, las cosas pasan, 

lo bueno pasa, 

lo malo también pasa, la gente cambia ….

Y nosotros también pasamos….

54. GARBANCITO…

La vida se vive hacia delante pero cobra sentido mirando hacia atrás (Kierkegaard)

Uno de los primeros cuentos que escuché en mi vida fue el de “Garbancito”. Me lo contó mi madre. Garbancito era un niño muy pequeño que, cierto día que llovía mucho, se refugió debajo de una col y un buey, al comerse la col, se comió también a garbancito. El relleno del cuento gira en torno a las peripecias del protagonista para poder encontrar el camino de vuelta a casa.

La “postverdad” y el postmodernismo, de los que ya escribimos en una entrada anterior, ha generado muchísimos garbancitos de turno que nos han pedido que lo desarrollemos más ¿Recuerdan esa entrada? Se titulaba “Las palabras y las cosas”.

Este tema nos surgió a raíz de darnos cuenta de cómo, en este año pandémico, la fuerza de las convicciones nos ha llevado al desacuerdo ideológico, de lo mucho que somos capaces de ir más allá de la evidencia que sustentaba la “verdad” para llegar al “más allá” después de ella (por eso se llama “postverdad”) y, también, de cómo nos enrocamos en nuestro pensamiento y dejamos que el avatar (la postverdad) nos fagocite para, sin darnos cuenta, no pensar en “algo”, sino convertir ese “algo” en nuestra verdad.

Como escribíamos en aquel post,  la postverdad es la denominación de origen de la cara “B” de la actual “era de Acuario” que recibe el nombre de  “postmodernismo”. Lo que el postmodernismo ha traído ha sido que las evidencias sobre algo o alguien ya no son suficientes, ni tampoco la educación o la pedagogía recibida sirven. 

En este año, os ha pasado que ha llegado a vuestro Whats App alguna reflexión que os hubiera gustado contestar para discrepar, pero, finalmente, optasteis por el silencio porque pensabais que iba a ser mejor el silencio. aunque ello supusiera darle la batuta al… ¿“Tribalismo” ideológico?

Entonces ¿Cómo dialogamos o convivimos con alguien que te rechaza por tener un desacuerdo ideológico?

¿Se puede hacer algo?

El tribalismo en el que nos hemos instalado llega cuando uno acaba identificándose tanto con lo que se piensa que cae en la tentación de unirse, y hacer causa común, con los que piensan igual aunque tengan etnias, biografías, naturalezas, etc… distintas. Es decir, la persona en cuestión se siente tan amenazada que se afilia a la “manada” que mejor le brinde su apoyo en el grueso conceptual de lo que piensa, aunque, en los detalles finos, no haya mucha concordancia.

La unión hace la fuerza y lo que prima en el momento presente (en la huida hacia delante) es la supervivencia ideológica y no hay tiempo para la mirada atrás. De ahí el tribalismo. Y éste provoca una respuesta filosófica.

La filosofía contrarresta el tribalismo.

José Carlos Ruiz es un profesor cordobés doctorado en Filosofía Contemporánea y especializado en pensamiento crítico y su aplicación en los diferentes procesos formativos. María José Coronado es otra estudiosa de filosofía que ha desarrollado, desde su plataforma BePop, el concepto de “Huertos Filosóficos” como espacio ecológico necesario para que prenda en las conciencias infantiles de los niños el pensamiento individual, la crítica y la autocrítica reflexiva como referente ante el tribalismo emergente.

José Carlos, desde su tribuna, analiza la sociedad hipermoderna y nos acerca al arte de  pensar en nuestra cotidianidad mediante libros como “De Platón a Batman: manual para educar con sabiduría y valores” (2017).

Según él, y creo que tiene razón, las redes sociales del postmodernismo han conllevado una modificación de nuestra identidad que se ha mimetizado con todos los amigos virtuales, tanto que muchas veces se necesita una brújula para no perder nuestro propio “self”. Ya no es tanto lo que está ocurriendo, sino lo rápido que está ocurriendo este fenómeno. Estamos tanto en el instante y en la inmediatez de lo que viene que ya no miramos hacia atrás para saber cuán lejos o cerca estamos de nuestra casa.

Empezamos apoyando con un like sincero a un concepto con el que estamos de acuerdo y, sin embargo, un día nos encontramos dando nuestros “likes” a lo que ya se ha convertido en nuestra tribu ideológica. Así, apenas sin darnos cuenta, en un plis plas, uno ya forma parte de esa radicalidad que “ayer” veía en los “otros”. Como esto lleva al sin sentido y esto, a su vez, al “desánimo”, de ahí la frase de Kierkegaard con la que iniciamos esta reflexión:

Sí. La vida se vive hacia delante, pero cobra sentido sólo mirando hacia atrás y, así, ver que, como a garbancito, muchos días de lluvia nos han alejado de casa.

La saturación de la información que nos proporciona cada instante que estamos viviendo nos ha traído la pérdida de nuestra capacidad de asombrarnos y, cuando dejamos de asombrarnos, ponemos el “automático” y perdemos motivación. Y, cuando perdemos la motivación, entonces, nos llega el “desánimo”. Y ese es el tema del último libro de nuestro amigo José Carlos: “Filosofía ante el desánimo”.

Y, en este sentido, la pandemia nos brinda la oportunidad de jerarquizar dónde poner nuestra intensidad, nuestra prioridad, nuestros valores, nuestro “criterio”, dónde acaba lo “virtual” y dónde empieza lo “real”.  Y no sólo es ya una cuestión de “dónde”, sino “hasta dónde” somos capaces de ir en nuestra huida hacia delante. Hasta dónde somos nosotros y hasta dónde es el “avatar” que forma parte de nuestros rollos virtuales.

El desánimo surge cuando el “ánimus” se va, porque ya no tiene razón de estar, al no poder competir con el avatar y, entonces, ya no hay nadie que frene al avatar que al final usurpa nuestro Yo y nos esclaviza sin darnos cuenta.

¿Cómo no se va a ir nuestra alma aburrida ante tanta “realidad virtual” si ella no  es 100% “real” ni tampoco es 100% virtual? Como tampoco lo que vemos “en directo” es necesariamente “en vivo”. Por esta razón, Michael Laitman sugiere que quizás Occidente esté entrando, en estos momentos, en Egipto para ser esclavizado, como hace 3000 años ocurrió con los antiguos israelitas. Habrá que estar expectante ante la incertidumbre de lo que ocurra en esta nueva situación y lo que ello conlleve.  Pero de esto hablaremos… después de la publicidad.

53. SI TUVIESE UN MARTILLO

Cantar de los Cantares 6 11: 

Bajé al huerto de los nogales para ver  los frutales de las cañadas

y observar si estaba en cierne la viña y si habían brotado los granados….

Valdría la pena venir al mundo –dijeron los alumnos de Rabí Shimon Bar Iojai– sólo por escuchar las explicaciones  del Maestro acerca de los secretos de por qué y para qué uno viene al mundo, tal como dice el Rey Salomón en el capítulo VI del Cantar de los Cantares: Bajé al huerto  de los nogales  para ver  los frutales de las cañadas y observar si estaba en ciernes la viña y si habían brotado los granados… ¿Desencriptamos el verso?

Cuesta trabajo asimilar que en nuestro mundo  cohabiten el Mal con el Bien. Pero así es nuestro mundo. Cuando Eva comió del fruto prohibido (el conocimiento intelectual), la serpiente (el mal) se introdujo (simbólicamente) en ella, de tal manera que ya formaría parte de la dualidad que nos gobierna. 

Eva perdió su “libertad” de pensamiento, quedó esclava de su EGO y la serpiente perdió sus patas. Desde entonces, se arrastra y hay enemistad de por vida entre ella y la mujer.

Cuando posteriormente el pobrecito Adán “conoció” a su mujer ella quedó embarazada de dos gemelos: uno contaminado del veneno de la serpiente (Caín) y otro fruto de Adam “aséptico” (Abel). 

La historia de los primeros hermanos de la humanidad, como es público y notorio, no terminó nada bien. Y, desde entonces, lo que hay es buena gente, gente buena, mala gente y gente mala. Esto ya lo hemos escrito en entradas anteriores.

De lo expuesto en la introducción que hemos hecho, al decir que Eva quedó contaminada del “EGO”, deducimos que El Mal –la carencia– es ser egocéntrico y egoísta, buscando siempre el deseo de “recibir para uno mismo”, mientras que la tendencia del bien, con su “asepsia”,  es la de compartir y todas esas melindreces y cursilerías que dicen acerca de los “buenos”. 

Digo esto porque parece que Abel era bueno, pero algo simple o tonto, y que, para algunos, Caín no era tan malo, sino que sólo  tenia un “pronto” malo!!!

Hoy todavía vemos madres orgullosas de lo “listos” que son sus hijos cuando, por ejemplo, le dan el brócoli al perro y… angelito –me dicen– es muy chico… Y añaden: pero es más listo… cuando lo pillé me dijo que era para que el perro creciera.

La pregunta es: 

¿Nacemos buenos y nos hacemos malos o nacemos malos y debemos de enderezarnos y mejorar?

La respuesta da para llenar dos blogs y un facebook entero, pero no quiero dogmatizar y que se dé por supuesto nada. Prefiero dejar la pregunta que vuele al viento virtual y que contestéis vuestra opinión cuando podáis, queráis y sepáis.

Dice el libro de las Crónicas del Mundo que los errores (del mundo) son el fruto de nuestra acción y, como todo “fruto”, los hay como la nuez, cuya cáscara es francamente dura para acceder al interior (que sería la luz). Y puestos a ver los “frutos” de nuestro jardín, podemos acceder a un nivel superior para ver otras frutas cuyas cáscaras, que protegen (pero que también parasitan) la luz interior, son mucho más fáciles de pelar, como es el caso del plátano, y aún más superior como pudiese ser la manzana o una pera o las uvas, en la que la cáscara es tan fina que ya es posible ingerirla sin pelarla. Así hasta llegar a un nivel en el que una fruta, como la fresa, carece de cáscara y permite ser comida (acceder a su interior) directamente previo lavado bajo el grifo.

Por esto se sabe  que a medida que nos elevamos y depuramos el mal, la carencia, éste será cada vez más tenue y dispondrá de menos anclajes para permitir la parasitación del bien.  

En nuestro nivel, que, metafóricamente, es llamado el Huerto de los Nogales, por razones obvias,  se trata de saber partir nueces con un martillo –no vale otro objeto duro como el corazón o la cabeza del prójimo– o un cascanueces al uso –aunque yo creo que eso es ya de profesionales– y, así, liberar la luz para ingerirla.

Dice el Zohar que cada letra de la palabra EGOZ  (Nuez en Hebreo) representa una contraposición a cada una de las letras del nombre de Dios, de cuatro letras, y la cábala considera que, todo el tiempo en el que la Nuez no esté rota, nos hace vivir una situación similar al Caos, porque el Caos es la oscuridad, y, aunque haya luz, las cáscaras de tantas nueces sin partir nos impide el paso de la luz para que podamos “ver”. 

Es sorprendente el hecho de que el fruto de la nuez se parezca a un “cerebro”!!! un cerebro verdaderamente iluminado al servicio del Bien.

Este es el secreto desencriptado de la frase del Cantar de los Cantares con el que abrimos el post:

 “El Guinat Egoz Yaradti”… Vine al mundo –el huerto de los nogales–  para ver (evaluar) el estado de nuestra conciencia y la graduación de luz que nos permitan observar si la viña (las uvas)  está en ciernes y los granados (bajo la cáscara hay infinidad de lucecitas) lucen y llegan a donde tienen que llegar para ser contabilizados.

Y, cuando uno no es capaz de romper la cáscara de la nuez, uno se queda delante de los nogales sin poder comer los frutos de su acción… y uno debería tener el suficiente deseo y humildad como para buscar un martillo y aspirar a “cascar nueces”. 

¿Y cómo se cascan nueces? Cuando uno da o comparte en contra de la lógica del ego, del sentimiento o de la conveniencia, los “atributos” que creamos con nuestras acciones antiegoicas tienen la suficiente contundencia para romper una gruesa cáscara, y un día, sin darnos cuenta, nos volvemos “cascanueces profesionales”.

52. LAS PALABRAS Y LAS COSAS

Siempre que hay confusión entre “Hechos” y “opiniones”, hay lío seguro. Y, cuando hay lío, hay caos y, ante el caos, surge el Totalitarismo. Así, en palabras de Hannah Arendt, se generan los cambios de regímenes a lo largo de la historia.

Hannah (Johanna) fue una filósofa del siglo pasado con un sistema de análisis de la realidad —parcialmente influido por Heidegger— que la convierte en una pensadora original situada entre diferentes campos de conocimiento y especialidades universitarias. 

Hace ya mucho tiempo que las cosas no se hacen ya por sometimiento de la fuerza, sino a través de diluir una mayoría silenciosa y  adormilada en una inmensa minoría adoctrinada, que se va apoderando del lenguaje y de las estructuras de poder, para mantener cierto control en la línea, cada vez más gruesa, entre lo políticamente correcto y lo que no lo es. Y así llegamos a la dualidad de la verdad. Se llama “posverdad” y es la denominación de origen del “postmodernismo”.

La posverdad es  la clásica mentirijilla “sana”, emotiva y justificada que presenta a los hechos objetivos de la realidad o de la historia que se esté contando como menos determinantes o subjetivos para poner  el énfasis en la emoción, o en las creencias, o en los valores de la identidad de grupo al que se pertenece o se busca pertenecer. Dicho de otro modo, la supremacía de lo “subjetivo” (relativo y más-que-dual) frente a lo “objetivo”.

Es decir, la posverdad es la media verdad, o media mentira, aderezada deliberadamente con algún elemento que toque nuestro cerebro límbico (emocional). 

Un ejemplo, la ideología nazi desde 30 años antes al ascenso del nazismo ya se fue encargando de que se buscase siempre, siempre, cada vez que se fotografiaba a un judío —ya sea niño, mujer, adulto o anciano— la imagen de algún niño obeso y sucio, mujer desdentada con apariencia de bruja, un adulto pidiendo limosna, un anciano decrepito y sucio a la puerta de la opera… Se trataba de unir en el inconsciente la imagen de “judío” con algo marginal, parasitario y decadente. Diez años después, se hablaba ya de una “rata judía” e, incluso hoy día, se oye “perro judío”.

Como ya dijimos, ya estaban implantadas las fuerzas opuestas: Una ideología como Fuerza 1 y  una “verdad emocional” (la posverdad, una especie de fakes de aquella época) como Fuerza 2. Ahora era necesaria la Fuerza 3 que “activase”  el fenómeno. ¿Cuál fue la Fuerza 3? Simple y llanamente, la terrible Humillación y miseria que sufrió Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Y, después de eso, bastaron otros 10 años para, no lo olvidemos, ganar Hitler unas elecciones democráticas. El resto es ya Historia …negacionista. Dicho de otro modo, en palabras de Kenan Malik:

“Siempre hemos vivido en un mundo con demasiadas verdades que cada día, desgraciadamente, se reproducen cada vez más a su vez”. 

Por eso, no es sorprendente que haya “negacionistas” que fabriquen su propia verdad para poder encargar y dar estabilidad a su propio sistema de creencias e identidad de grupo. Para el que no lo conozca, Kenan Malik es un escritor y conferenciante británico nacido en la India, formado en neurobiología e historia de la ciencia, cuyo trabajo se centra en la filosofía de la biología y en las teorías contemporáneas del multiculturalismo, el pluralismo y la raza.

El culto postmoderno a la posverdad no tiene nada que ver necesariamente con la maldad –al menos con los ejecutores, no tanto con sus ideólogos– sino, más bien, con ese rechazo a aceptar nuestra sombra y, ante eso, la única opción posible es la de “fabular” y apelar a la épica emotiva del grupo  que se quiere consolidar y ampliar. Ésto no es nada nuevo. Siempre existieron los fakes news sólo que ahora es más fácil por la tecnología y las redes sociales. En el nerviosismo de los medios y los gobiernos por las fake news, hay un elemento que tiene que ver con la ansiedad que produce la pérdida de un monopolio: El de la intoxicación.

Como ya escribimos en la entrada de la “Avaricia cognitiva”, la pereza mental tiene mucho que ver en la aceptación de la “posverdad” porque, a lo que encaja a priori con lo que pensamos o deseamos, oponemos inconscientemente menos resistencia cognitiva o intelectual.

Michel Foucault fue un filósofo francés de ideología marxista que, a la edad de 43 años, accedió a la cátedra de Historia del pensamiento filosófico. Sus análisis sobre el poder y las relaciones entre poder, conocimiento y discurso han sido, de largo, referencia de los intelectuales del último tercio del siglo XX. Y los asistentes a sus clases en la Universidad eran tan numerosos que debían de habilitarse en el anfiteatro del recinto universitario. Sus visitas a Irán, le hicieron conectar con las ideas revolucionarias de los incipientes Ayatolás, las cuales apoyó en sus escritos y en su oratoria.

Sin embargo, a los pocos meses de su encandilamiento con el movimiento fundamentalista, cuando estos ya alcanzaron el poder, Foucault realizó una dura autocrítica acerca de su injustificable error de apreciación política.  Foucault reconoció que no fue capaz de  discernir entre palabras (lenguaje) y realidad (cosas), de advertir lo que estaba ocurriendo y no fue capaz de relacionar, ni siquiera por una sola vez, el lenguaje y adoctrinamiento de los Ayatolás  y su revolución con la realidad oculta de la Sharía.

Fue, a partir de aquí, cuando Foucault desarrolló toda la teoría de la manipulación de la verdad al servicio de una revolución o de un grupo de poder. El concepto de posverdad y el nacimiento del postmodernismo que se explica en el video que ponemos a continuación.

51. EL CUENTO DE LAS COMADREJAS

Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada. Marc Twain.

Hemos pasado de ser manipulados a la hora de comprar un coche (en el anuncio siempre sale una chica super sexi, que no estaba ni en el concesionario ni jamás me la han presentado desde que lo compré….) a ser manipulados en nuestro propio estado de opinión.

Se ve que el señorit@ que estaba detrás de todo esto se aburrió del éxito obtenido con los anuncios, salió de su zona de confort y  se trazó un nuevo reto que consiguió con más facilidad de lo esperado. Se trataba de pasar, mediante manipulación de nuestras creencias, de lo impensable (imposible)  a lo Radical, para luego hacernos pasar de lo Radical a lo Aceptable (ya podemos hablar de ello y debatir)  y de lo aceptable a Lo “Sensato” (pensar democráticamente en los que piensan de otra manera).

Una vez en este nivel, lo siguiente era hacernos pasar de lo sensato a LO Popular (crear un estado de opinión al respecto), de lo popular a Lo político (no podemos hacer nada para cambiarlo y hay que darle “salida” y un “espacio” político que arañe votos de quien se sienta identificado) y, por fin, de lo político a lo legislado para hacer de ello “una norma” acorde a la época. Así, estas creencias quedan instauradas como algo moralmente aceptable por nuestro sistema.

El origen de todo esto arranca del valor que tiene, cada vez más,  un “voto” en democracia. Los viejos votan, los jóvenes también, los extremistas votan, los enfermos, los pobres, los ricos, los religiosos votan, los ateos “votan”, todos votan. Antes, todos estos votantes tenían que trascender, por encima de su realidad e identidad de grupo, para poder emitir un Voto entre dos partidos: uno conservador a la derecha, otro a la izquierda, liberal, progresista, etc…

Éstas eran las dos Fuerzas vectoriales que se alternaban en el poder de la mayoría de los políticos hasta que, por aquello de la Ley del 3 de la que escribimos con anterioridad,  aparece una tercera Fuerza, una tercera opción que desencadena el “fenómeno”, en este caso el nacionalismo, que genera, a su vez, un abanico amplio de opciones electorales. Es entonces que se hace necesario crear espacios de identidad electoral que permitan tener un número suficiente de votos para permanecer en el espectro político (formar parte del poder) aunque no sea necesariamente el partido predominante.

Y, de este modo, estamos atrapados en una red virtual de herramientas efectivas (¿Al servicio de quién o de qué?) que emplean sofisticadísimas  técnicas como:

  • La indefensión aprendida. No podemos hacer nada ante la dinámica de los acontecimientos.
  • La disonancia cognitiva. Dos informaciones que entran por dos canales distintos (auditivo y visual, por ejemplo)  y “vence”  la que consigue entrar en el inconsciente, como en mi caso del coche que compré más pendiente de  la chica, a ver si ligaba, en vez de poner el énfasis en las prestaciones del coche en sí mismo.
  • Los enfrentamientos por grupos de pertenencia. Mediante provocaciones, te obligan a radicalizarte buscando tu respuesta “emocional”.
  • Las metáforas. Oímos frases en la TV como “estamos ante un posible Tsunami”, dice el locutor coincidiendo con una imagen de un Hospital con las Urgencias saturadas, con gente con mascarillas hasta las cejas  en una imagen dantesca…
  • Y, finalmente, el lenguaje de la post-verdad. La verdad no es tan importante, lo importante es el lenguaje. Tal como decían los nazis: una mentira repetida 1000 veces acaba siendo verdad.

En esta red tan bien tejida, con medios tan sutiles y con gente tan preparada, es difícil escapar porque las personas que estamos dentro de la red, como en la película Matrix, de la que hacíamos alusión en una de las primeras entradas de nuestro blog, sabemos que estamos siendo manipulados y sabemos que vivimos en el lenguaje de la post verdad, pero nuestra inercia y adormilamiento nos dicen entre sueños “vale, vale…”  

Un ejemplo a propósito de nuestra pandemia: El tema de nuestra salud. Ya no depende del Ministerio de Salud, sino del Ministerio de Defensa y a todos nos parece lógico. Con nuestra complicidad y la de nuestros convecinos, notificamos  a todo aquel que haya dado positivo en un PCR o no lleve mascarilla para que sea localizado a través de los rastreadores para conocimiento de la autoridad competente que vela por nuestra integridad.

Justo, justo, justo igual que el discurso nazi, aquel  en el que, con la ayuda de la ciudadanía y del buen patriota, debe ponerse en conocimiento de la autoridad competente el lugar donde los rastreadores habian detectado un “judío”, que seria tratado “adecuadamente” por el Ministerio de Defensa. Chungo. Al menos para mí, por los recuerdos que evoca en mi inconsciente.

Para terminar, les pido que visualicen el corte a pie del título: 

Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada. Marc Twain.

“El Cuento de las Comadrejas” es una de las mejores películas argentinas de todos los tiempos. En realidad, es un remake de la película “Los muchachos de antes no usaban arsénico” (1976). Después de leer lo que has leído y de haber visto  lo que has visto, probablemente entiendas un poco la zozobra de mi corazón. Como dicen en la película:

No hay que mirar sólo el Juego, hay que mirar al rival y, en este caso, el rival, desgraciadamente, no es visible …. Y no es posible defenderse.

50. LA PIEL A TIRAS

Lo que empecé a vivir en primavera… Me di cuenta de lo que era ayer, mientras me despedía

 Cerré los ojos y al tragar saliva

Aquel nombre se me iba como espuma de cerveza

Y pasan, los coches pasan con sus historias. 

La vida queda en las casas y en la memoria

La libertad que yo probé contigo, no hay vergüenza, te lo digo, era lo que más me frenaba. 

Y por miedo a no saber corresponderte  Qué bueno nacer valiente ¿Cómo afrontas lo que pasa?

Arráncame la piel a tiras, porque sé que pasaste por mi lado y no te supe, no te supe ver.

Arráncame y  enrédate conmigo

Y rómpeme el vestido, cansemos incluso hasta a los amaneceres…. 

En una entrada anterior, la de la muerte, me preguntaba acerca de, en el caso de que tras la muerte sea plausible que una parte de nosotros cambie de “estado”, cuál sería esa parte que trascendería y, por otra parte, si ello es independiente de si la persona, en su vida, fue atea, creyente, “mala” persona (¿Existen malas personas? ¿Buenas? ¿Las hay?), “primaria”, espiritual o del tipo que sea. Y, en aquella entrada (“Mirar al Sol” ), sugería, a modo de hipótesis, que esa parte del “Self” y su pack ligado a él, así como el estado de la “gestión de nuestra sombra” tal cual esté en el momento de la muerte, es la que trasciende.

Antes de continuar, sería conveniente recordarnos que, aunque vivimos dentro del mundo de la dualidad, perteneciente al dominio  de la Ciencia “del Bien “ y del “mal”, se nos olvida que el Universo se rige por la Ley del 3, que sostiene que nunca, nunca, nunca dos vectores, ya sean masculino/femenino, positivo/ negativo, etc…, producen por sí mismos un “fenómeno”, ya que ellos se neutralizan entre  sí; se fusionan o se rechazan. Es  necesaria una tercera Fuerza (bien en su medio, en su punto de aplicación o en su resultado) que, a menudo, pasa desapercibida. 

Casi nunca somos capaces de ver la tercera fuerza, del mismo modo que no somos capaces de observar la cuarta o la quinta dimensión, y sabemos que existen. Cuando veamos que algo se bloquea o se paraliza, deberíamos pensar que falta esa “tercera” fuerza. Y, si pudiésemos ver, en toda la realidad explícita ante nosotros, la tercera fuerza en cada cosa, seríamos capaces de entender el mundo desde esa perspectiva “holística” que tanto se habla y, además, seríamos capaces de “entender” y comprender el mundo, nuestro mundo, mucho mejor. 

Un ejemplo: La política actual en nuestro país está polarizada y tensionada, bloqueando la vida social, volviéndola más encorsetada y menos resolutiva. ¿Por qué? Porque hace falta una tercera Fuerza. Quizás esa tercera fuerza sea la “observadora” subjetiva, pero equidistante, de los dos polos que ven la vida cada uno con su verdad.

Lo cierto es que, a nivel psicodinámico, nos protegemos de esa tercera fuerza invisible que amenaza nuestra bipolaridad y, entonces, nos ponemos la “máscara”. 

Nunca habíamos dedicado una entrada a la máscara. Curioso  y “casual”  que, desde marzo del pasado año, todo el planeta está abocado a llevar “mascarilla”, una especie de minirecordatorio de que la máscara (la grande, la invisible) se va quedando pequeña y nos hace falta una “supletoria”, porque cada vez somos más miedosos y más culpables de algo indefinido que planea sobre nuestro inconsciente y sólo el miedo y la culpa hacen que la máscara, que llevamos de forma invisible, sea insuficiente para escenificar nuestras vidas.

Entonces viene esa tercera fuerza, en este caso en forma de “virus”, que penetra en nuestra dualidad, nuestro sistema de dos fuerzas y se presenta ante nosotros para provocar este fenómeno, en el que estamos inmersos, llamado “pandemia”. En Cabalá, la tercera fuerza proviene de la sefirà más alta del Árbol de la vida, la sefirá de Kéter (corona); es decir, del principio vital de todas las formas de energía y de vida. Por eso, digo yo, que se llama “coronavirus” y, por eso, andamos tan perdidos apegándonos aún más a la máscara, a la mascarilla y a lo que venga. 

A más de uno, les tendrán que arrancar la piel a tiras y, ni aún así, se quitarán la máscara invisible. Y, por eso, la situación se perpetúa, se cronifica y a la larga empeora.  Pienso que, tras casi un año del primer confinamiento, del primer estado de alarma, de tu primera mascarilla, de tu primer zoom, videoconferencia, teletrabajo etc…, no estaría de más que valorásemos en qué situación nos encontramos económicamente, afectivamente, emocionalmente y sanitariamente. 

La pregunta es:  ¿Cúal es tu posicionamiento frente a la pandemia? ¿Qué piensas de ella? ¿Quién o qué nos sacará de este sometimiento? Y lo más importante ¿Tienes alguna alternativa ante esta transición tan “caótica”?.

Como escribíamos en la entrada “Cada loco con su tema”,  cada uno va adquiriendo un conocimiento y saber propio respecto del entorno al que pertenece particularmente, lo que entendemos por primera fuerza, y que es donde se define el perfil de nuestra realidad existencial.

A este perfil, con el que nos paseamos intentando encajarlo con nuestro entorno al que le ponemos la máscara y, por encima de  esta, la mascarilla por imperativo legal, se va solapando  una segunda fuerza, que es el conocimiento y saber propio que cada uno tiene y que no ha sido producto de la interacción con el entorno, sino  que forma  parte de su self, y que llamamos, de una forma superficial, “don” o genialidad  y que, ya dijimos, es el lugar donde  radica nuestra capacidad potencial de revelar la luz oculta de fuera (el otro lado) y la nuestra propia (la sombra). 

Es así hasta que  aparece la Tercera Fuerza en forma de  “evento”, “acontecimiento vital” , “Trauma” o conflicto que llama a la puerta, te quita la mascarilla, la máscara y la piel a tiras, y nos provoca ese “fenómeno” llamado por todos “Despertar”. Entonces, uno repite, un poco para sí mismo (self), parte de la letra de la canción que hemos puesto en titular:

Lo que empecé a vivir en la primavera de mi existencia… Me di cuenta de lo que era ayer y, mientras me despedía de lo que se iba, cerré los ojos y, al tragar saliva, fui consciente de que Aquellas verdades mías se me iban como espuma de cerveza. Y, mientras tanto, la vida pasa, los coches pasan con sus historias, La vida queda en las casas y en la memoria La libertad de ir sin máscara, que yo probé contigo (sin vergüenza lo digo) fue  lo que más me frenaba. Y por miedo a no saber  “estar a la altura” —Qué bueno nacer valiente— es difícil afrontar  lo que uno deja pasar. Arráncame la piel a tiras, porque sé que pasaste por mi lado y no te supe, no te supe ver  Arráncame y  enrédate conmigo Y  quítame la máscara y rómpeme el vestido, para que la Luz entre  hasta que amanezca…. 

49. MIRAR AL SOL

Dedicado a la Rosacruz de mis seres queridos, a  nuestra Reina y a la princesa Sofía

“Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.” (Platón)

El pasado mes de octubre falleció el hermano de una amiga mía. 50 años. Algo inesperado. Un infarto. Niños de por medio… En estos casos, se mezclan: el miedo a la muerte que llevamos, en mayor o menor grado, todos nosotros con la angustia de abandono percibida en los niños, los sentimientos de orfandad que resuenan con los tuyos propios, el tema de la vulnerabilidad, la irreversibilidad, lo definitivo, lo irremediable y, en este caso, “lo súbito”.

Irvin D. Yalom, mi referente terapéutico, concilia la filosofía con los intereses existenciales y la psicología (su libro, el día que Nietzsche lloró, es imperdible para cualquiera de la hermandad). Tiene escrito un libro (que da título a esta entrada) que indaga sobre el miedo a la muerte y en el que se mezclan elementos de depresión, negación, estrés e incluso violencia ante lo irremediable. 

Irvin Yalom es ateo y rechaza de plano cursilerías espiritualoides en un tema tan serio, pero… le da sitio al hecho de que la especie humana se preocupe por la educación de los niños, la creencia en un ser superior, o la perpetuación de nuestro nombre a la memoria que queda de nuestro paso por esta existencia. Le da sitio, lo sitúa, e intenta buscar un camino que ayude a mitigar el dolor, el vacío, la sensación de carencia, la culpabilidad por quedarse aquí, la negación, la impotencia…

Hace años, tuve el enorme displacer de vivir el caso de un chico que debutó con leucemia y como el caso, aparentemente “fácil”, se fue complicando al mismo tiempo que el chico en cuestión, por una serie de circunstancias, se fue haciendo cada vez más mediático y el caso, al mismo tiempo, más ingobernable. 

En aquella época, sufrí el enorme dolor de asistir, sólo como un espectador, al enorme dolor y angustia existencial paralizante de ver como lo irremediable se aproximaba a marchas forzadas, como una locomotora cuyo maquinista no ve que hay alguien trabado en la vía. Sí. Como la escena primera de Tomates verdes fritos. La Historia de un amor en tiempos difíciles ¿Se acuerdan?

Es imposible que, desde este plano dual, seamos capaces de entender la muerte. Nuestra misma dualidad parametrizada entre el 0 y el 1, entre la vida y la muerte, es nuestro propio sesgo para poder imaginar qué pasaría si fuésemos capaces de sostener 15-20 minutos la mirada de tú a tú al Sol… 

Si en la entrada anterior decíamos que la alegría es el fenómeno que se produce cuando se unen dos opuestos, entonces, la tristeza es el sentimiento que define la separación entre dos opuestos, en este caso el cuerpo y el Alma. 

Tendremos que sostener que la muerte no es más que el divorcio entre esas dos partes, cuerpo y Alma, que en su día se unieron para “nacer” y asumir que, al igual que todo lo que existe en este plano tiene un tiempo de empezar (nacer) y un tiempo de terminar (morir), todos nosotros, algún día, tendremos que irnos. 

El problema es que se nos olvida que, como muchas veces damos a entender en este blog,  somos una especie de avatar procedente de un mundo no-dual que está aquí en prácticas (en una especie de Erasmus universitario) y nos cuesta trabajo entender que, una vez despojados de nuestro “traje”, nuestra esencia no se queda apegada a los restos que han quedado, sino que regresa, no sabemos a qué lugar.

Pero… ¿Qué parte de nosotros es la que se va? Pues ni más ni menos que nuestra “memoria”, nuestra autenticidad, nuestra  “forma” de ser. Nuestro Self. Nuestra índole “íntima y personal”. Nuestra Luz con su sombra. Nuestra Luz con nuestra carencia “gestionada”.   

Así que, del mismo modo que somos capaces de llevar nuestra memoria del PC en un Pen Drive, quizás nosotros seamos un “ser” en un Pen Drive, con una memoria limitada  de 4, 6, 8, 16 o 32GB, según cada uno su naturaleza, que es transferido quizás a un ordenador central, una matrix, un procesador central interUniversal… Vaya usted a saber… aportando “su” información y “report” de su experiencia en el Erasmus.  Sólo que…

Sólo que quizás haya que contemplar, además, la posibilidad de que en un futuro sea útil esa aportación y nuestro Pen Drive (su información) sea necesario y útil para resetear una nueva realidad más allá de los tiempos, porque no hay que olvidar que el tiempo es una dimensión exclusivamente de los Humanos, pues los otros reinos, incluso los animales, carecen de él. 

Y el problema es dejar aquí, en el Aquí y en el Ahora, algo material, una foto “finish”, algún sustrato para que en un futuro podamos introducir nosotros mismos nuestro Pen Drive de nuevo. De ahí la famosa frase de la canción de Julio Iglesias: “Al final, las obras quedan, la gente se va… otros que vienen las continuarán. 

La pregunta es: ¿Las continuarán? ¿Para qué?  

Para mejorar esa infraestructura material en la que hemos “vivido” y que algún día podrá ser reseteada cuando volvamos, de una manera u otra, aportando un conocimiento “unificado, rectificado, discernido, contrastado por encima de lo que pudiésemos pensar o sentir, porque ya hemos comprendido desde la paz y la armonía, desde la alegría y desde la felicidad, desde el odio y del rechazo, desde que iniciamos nuestro recorrido, primero como un fotón, luego como un espermatozoide o un óvulo, luego como un mineral, vegetal, animal y finalmente como “portavoz de una Humanidad” que está aprendiendo a hablar, y que cada vez sabe más lo que hay que decir, cómo decirlo y cuándo decirlo.  No sé si es así cómo va a ser, pero me gustaría que así fuese.

Y como dice Yalom, no es fácil, ni divertido, ni útil, vivir cada momento con la total conciencia de que moriremos. Eso también es como tratar de mirar al sol de frente: sólo se podría soportar un rato. 

Del mismo modo, tampoco podemos vivir paralizados por el miedo, siempre hay alguna argucia “intelectual” que nos ayuda a generar métodos para suavizar el terror que nos produce la muerte. El terror a irnos y que pasemos al olvido. En mi caso, en mi narcisismo, lo que me hace llorar es la certeza de que la vida seguirá sin mí, y que mis hijos harán su vida y yo no podré celebrar como la vida se abre paso ante ellos, como el futuro llama a su puerta y se instala con sus novedades en sus vidas (el WhatsApp de entonces, el internet de la época, etc…). A saber qué será lo que vendrá para ellos, que son una “expansión” de mí. 

Sin embargo, a los pocos minutos de esa mínima terri-depresión (mezcla de terror y depresión) nos proyectamos al futuro expandiendo nuestro Yo (a través de nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros discípulos, nuestros títulos…), enriqueciéndonos, apegándonos al éxito, al blog, al status y, en definitiva, a la parte externa de nuestro YO, desarrollando rituales protectores compulsivos y, en el fondo, fondo, adoptando la  creencia inexpugnable de que en el último, último minuto, seremos rescatados. 

Ya dijimos en una entrada anterior que, al fin y al cabo, la Felicidad es la sensación de expansión de mi YO con cosas más o menos prioritarias en función, también, de la naturaleza de cada uno. A más plenitud, mayor sensación de “felicidad”; a más carencia, mayor sensación de tristeza….

Concluyo:

La ansiedad ante la muerte es la madre de las religiones, la piedra angular de las neurosis, la reina madre de las fobias.  Y Dios, según se lo representa en todas las culturas y religiones, no sólo alivia el dolor de la mortalidad por medio de una u otra visión de una vida perdurable, sino que palía además nuestro temor al aislamiento ofreciendo una presencia eterna, además de proveer normas claras para vivir una existencia significativa.

Aunque muy poca gente tiene acceso a un Dios que simplemente quiera recuperarte para Él. Quizás para prepararte una sopa caliente o para preguntarte simplemente “Dime qué tal te ha ido, cuéntame un poco… quizás, también, tenga su zona íntima y personal que quiera compartir con uno….

Aun así, a pesar de las más sólidas defensas que podamos tener pensando este tipo de cosas, aun, a pesar de nuestro conocimiento adquirido para aparentemente  iluminar lo desconocido, nunca podremos vencer del todo la ansiedad que nos produce la muerte, porque en el fondo nos hemos apegado tanto a la vida, que hemos aprendido que, a pesar de cualquier motivo de sufrimiento, dolor, expectativa y semioscuridad, nos parece bella. No porque sea bella en sí misma… sino porque es vida.

48. JOIN ME: ALEGRÍA

“Cuando la alegría espiritual llena los corazones, la serpiente derrama en vano su veneno mortal.” (S. Francisco de Asís)

He recibido muchos comentarios por correo interno en relación al concepto de PAZ de la entrada anterior, y el comentario acerca de la simbología de la mascarilla y la realidad del mundo. Muchas vueltas de comentarios acerca de la espiritualidad, la religión y la paz mundial. De eso se trata, de remover y despertar a la persona y generar un estado de opinión que no sea reflejo o influencia del mío, sino una consecuencia o reacción a lo escrito por un servidor. 

En dichos comentarios la búsqueda y/o aspiración a la felicidad y a la alegría se solapaban entre ellas, y no quedaba claro dónde empezaba una y dónde acababa la otra . Así que  ¡al ataque !!

Felicidad es aquel estado que se produce por extensión de nuestro YO. Aquello que tenemos, disponemos e incorporamos a nuestro YO incrementa nuestra felicidad, ya sea con conceptos materiales o no tantos: un coche, un hijo, una mujer, un reconocimiento, un patrimonio, un status, una verdad encontrada, una conexión con la vida y, sobre todo, el conocimiento. 

Este conocimiento puede ser de una visión filosófica o de la ciencia, pero, en ambos casos, el riesgo es que, o bien, ese conocimiento filosófico sea relativo, o bien, la ciencia se quede en pañales, como está sucediendo ahora.

¿Existe el conocimiento sobre alguna verdad absoluta e inmutable? ¿Cuántos médicos habrían pensado hace un año que la ciencia no fuera invulnerable y que los antibióticos pudieran no ser infalibles, así como todo el arsenal a disposición de los médicos de las UCI, etc… ? Y no se trata del nivel de un país o de una dinámica política: España, Francia, UK, Italia, China, EEUU… todos han doblado la rodilla y están quedando en una situación económicamente muy comprometida.

Si la Felicidad es la extensión del Yo, la Alegría es el resultado de la reunificación de dos conceptos opuestos, reunificación de dos seres queridos, la unificación entre un Hombre y una Mujer, la Unión de algo espiritual con algo material,  la reunificación de un alma con un cuerpo….. todos estos casos implican la recuperación del estado original que se perdió al entrar de por medio la dualidad. Y lo contrario, la separación de dos opuestos, que estaban unidos, genera “carencia”, nostalgia y tristeza. Join Me: Únete a mí, la canción que da título a nuestra entrada de hoy, eso es Alegría.

Y la pregunta es ¿Alegría o Felicidad?

Con Paz, con Felicidad y con Alegría sobran las palabras.

Por regla general, las palabras, que son los vestidos de la energía del pensamiento, se quedan cortas respecto a lo que sentimos o queremos expresar. 

El Midrash del Génesis enfatiza el hecho de que seamos la guinda del pastel de la evolución. La guinda “parlante” del pastel de la existencia. Somos el único evento creado con capacidad de hablar y de expresar. Ya lo habíamos dicho en entradas anteriores: Mineral, Vegetal, Animal, y Parlante con capacidad para expresar y trascender.

Uno pudiera pensar que la capacidad de hablar, que ya venía con el primer hombre, Adam, era, en teoría, para hablar con Eva, pues no había nadie más con quien hablar. Sin embargo, Eva no es creada hasta un rato después y aparentemente está de más esa capacidad de hablar mientras no está Eva.

Lo propio sería desarrollar esa capacidad de hablar a medida que le surge la necesidad de hablar y comunicarse  con su compañera, pero no fue así. Entonces… ¿Para qué tenía “a priori” esa capacidad de hablar si hubo un espacio en el que no tenía nadie con quien hablar? Y la respuesta que ofrece es que el habla se la otorgó “Dios” precisamente para hablar con Él y con toda la naturaleza, como San Francisco hacía cuando se comunicaba con la luna y el Sol, a los que llamaba hermanos. Algún día escribiremos sobre la fuerza del Rezo, de la oración, la del silencio, así como las fuerzas de las lágrimas. 

Me quedo hoy con esa reflexión. Mascarilla tapaboca para no estar en el juicio sobre el otro porque, cuando se emite un juicio sobre alguien, ya, de entrada, se está partiendo de la base de que se es superior a ese alguien… sin olvidar las veces que, estando felices y alegres con alguien, decimos “algo” inconveniente o inapropiado que lo echa todo a perder…