54. GARBANCITO…

La vida se vive hacia delante pero cobra sentido mirando hacia atrás (Kierkegaard)

Uno de los primeros cuentos que escuché en mi vida fue el de “Garbancito”. Me lo contó mi madre. Garbancito era un niño muy pequeño que, cierto día que llovía mucho, se refugió debajo de una col y un buey, al comerse la col, se comió también a garbancito. El relleno del cuento gira en torno a las peripecias del protagonista para poder encontrar el camino de vuelta a casa.

La “postverdad” y el postmodernismo, de los que ya escribimos en una entrada anterior, ha generado muchísimos garbancitos de turno que nos han pedido que lo desarrollemos más ¿Recuerdan esa entrada? Se titulaba “Las palabras y las cosas”.

Este tema nos surgió a raíz de darnos cuenta de cómo, en este año pandémico, la fuerza de las convicciones nos ha llevado al desacuerdo ideológico, de lo mucho que somos capaces de ir más allá de la evidencia que sustentaba la “verdad” para llegar al “más allá” después de ella (por eso se llama “postverdad”) y, también, de cómo nos enrocamos en nuestro pensamiento y dejamos que el avatar (la postverdad) nos fagocite para, sin darnos cuenta, no pensar en “algo”, sino convertir ese “algo” en nuestra verdad.

Como escribíamos en aquel post,  la postverdad es la denominación de origen de la cara “B” de la actual “era de Acuario” que recibe el nombre de  “postmodernismo”. Lo que el postmodernismo ha traído ha sido que las evidencias sobre algo o alguien ya no son suficientes, ni tampoco la educación o la pedagogía recibida sirven. 

En este año, os ha pasado que ha llegado a vuestro Whats App alguna reflexión que os hubiera gustado contestar para discrepar, pero, finalmente, optasteis por el silencio porque pensabais que iba a ser mejor el silencio. aunque ello supusiera darle la batuta al… ¿“Tribalismo” ideológico?

Entonces ¿Cómo dialogamos o convivimos con alguien que te rechaza por tener un desacuerdo ideológico?

¿Se puede hacer algo?

El tribalismo en el que nos hemos instalado llega cuando uno acaba identificándose tanto con lo que se piensa que cae en la tentación de unirse, y hacer causa común, con los que piensan igual aunque tengan etnias, biografías, naturalezas, etc… distintas. Es decir, la persona en cuestión se siente tan amenazada que se afilia a la “manada” que mejor le brinde su apoyo en el grueso conceptual de lo que piensa, aunque, en los detalles finos, no haya mucha concordancia.

La unión hace la fuerza y lo que prima en el momento presente (en la huida hacia delante) es la supervivencia ideológica y no hay tiempo para la mirada atrás. De ahí el tribalismo. Y éste provoca una respuesta filosófica.

La filosofía contrarresta el tribalismo.

José Carlos Ruiz es un profesor cordobés doctorado en Filosofía Contemporánea y especializado en pensamiento crítico y su aplicación en los diferentes procesos formativos. María José Coronado es otra estudiosa de filosofía que ha desarrollado, desde su plataforma BePop, el concepto de “Huertos Filosóficos” como espacio ecológico necesario para que prenda en las conciencias infantiles de los niños el pensamiento individual, la crítica y la autocrítica reflexiva como referente ante el tribalismo emergente.

José Carlos, desde su tribuna, analiza la sociedad hipermoderna y nos acerca al arte de  pensar en nuestra cotidianidad mediante libros como “De Platón a Batman: manual para educar con sabiduría y valores” (2017).

Según él, y creo que tiene razón, las redes sociales del postmodernismo han conllevado una modificación de nuestra identidad que se ha mimetizado con todos los amigos virtuales, tanto que muchas veces se necesita una brújula para no perder nuestro propio “self”. Ya no es tanto lo que está ocurriendo, sino lo rápido que está ocurriendo este fenómeno. Estamos tanto en el instante y en la inmediatez de lo que viene que ya no miramos hacia atrás para saber cuán lejos o cerca estamos de nuestra casa.

Empezamos apoyando con un like sincero a un concepto con el que estamos de acuerdo y, sin embargo, un día nos encontramos dando nuestros “likes” a lo que ya se ha convertido en nuestra tribu ideológica. Así, apenas sin darnos cuenta, en un plis plas, uno ya forma parte de esa radicalidad que “ayer” veía en los “otros”. Como esto lleva al sin sentido y esto, a su vez, al “desánimo”, de ahí la frase de Kierkegaard con la que iniciamos esta reflexión:

Sí. La vida se vive hacia delante, pero cobra sentido sólo mirando hacia atrás y, así, ver que, como a garbancito, muchos días de lluvia nos han alejado de casa.

La saturación de la información que nos proporciona cada instante que estamos viviendo nos ha traído la pérdida de nuestra capacidad de asombrarnos y, cuando dejamos de asombrarnos, ponemos el “automático” y perdemos motivación. Y, cuando perdemos la motivación, entonces, nos llega el “desánimo”. Y ese es el tema del último libro de nuestro amigo José Carlos: “Filosofía ante el desánimo”.

Y, en este sentido, la pandemia nos brinda la oportunidad de jerarquizar dónde poner nuestra intensidad, nuestra prioridad, nuestros valores, nuestro “criterio”, dónde acaba lo “virtual” y dónde empieza lo “real”.  Y no sólo es ya una cuestión de “dónde”, sino “hasta dónde” somos capaces de ir en nuestra huida hacia delante. Hasta dónde somos nosotros y hasta dónde es el “avatar” que forma parte de nuestros rollos virtuales.

El desánimo surge cuando el “ánimus” se va, porque ya no tiene razón de estar, al no poder competir con el avatar y, entonces, ya no hay nadie que frene al avatar que al final usurpa nuestro Yo y nos esclaviza sin darnos cuenta.

¿Cómo no se va a ir nuestra alma aburrida ante tanta “realidad virtual” si ella no  es 100% “real” ni tampoco es 100% virtual? Como tampoco lo que vemos “en directo” es necesariamente “en vivo”. Por esta razón, Michael Laitman sugiere que quizás Occidente esté entrando, en estos momentos, en Egipto para ser esclavizado, como hace 3000 años ocurrió con los antiguos israelitas. Habrá que estar expectante ante la incertidumbre de lo que ocurra en esta nueva situación y lo que ello conlleve.  Pero de esto hablaremos… después de la publicidad.

53. SI TUVIESE UN MARTILLO

Cantar de los Cantares 6 11: 

Bajé al huerto de los nogales para ver  los frutales de las cañadas

y observar si estaba en cierne la viña y si habían brotado los granados….

Valdría la pena venir al mundo –dijeron los alumnos de Rabí Shimon Bar Iojai– sólo por escuchar las explicaciones  del Maestro acerca de los secretos de por qué y para qué uno viene al mundo, tal como dice el Rey Salomón en el capítulo VI del Cantar de los Cantares: Bajé al huerto  de los nogales  para ver  los frutales de las cañadas y observar si estaba en ciernes la viña y si habían brotado los granados… ¿Desencriptamos el verso?

Cuesta trabajo asimilar que en nuestro mundo  cohabiten el Mal con el Bien. Pero así es nuestro mundo. Cuando Eva comió del fruto prohibido (el conocimiento intelectual), la serpiente (el mal) se introdujo (simbólicamente) en ella, de tal manera que ya formaría parte de la dualidad que nos gobierna. 

Eva perdió su “libertad” de pensamiento, quedó esclava de su EGO y la serpiente perdió sus patas. Desde entonces, se arrastra y hay enemistad de por vida entre ella y la mujer.

Cuando posteriormente el pobrecito Adán “conoció” a su mujer ella quedó embarazada de dos gemelos: uno contaminado del veneno de la serpiente (Caín) y otro fruto de Adam “aséptico” (Abel). 

La historia de los primeros hermanos de la humanidad, como es público y notorio, no terminó nada bien. Y, desde entonces, lo que hay es buena gente, gente buena, mala gente y gente mala. Esto ya lo hemos escrito en entradas anteriores.

De lo expuesto en la introducción que hemos hecho, al decir que Eva quedó contaminada del “EGO”, deducimos que El Mal –la carencia– es ser egocéntrico y egoísta, buscando siempre el deseo de “recibir para uno mismo”, mientras que la tendencia del bien, con su “asepsia”,  es la de compartir y todas esas melindreces y cursilerías que dicen acerca de los “buenos”. 

Digo esto porque parece que Abel era bueno, pero algo simple o tonto, y que, para algunos, Caín no era tan malo, sino que sólo  tenia un “pronto” malo!!!

Hoy todavía vemos madres orgullosas de lo “listos” que son sus hijos cuando, por ejemplo, le dan el brócoli al perro y… angelito –me dicen– es muy chico… Y añaden: pero es más listo… cuando lo pillé me dijo que era para que el perro creciera.

La pregunta es: 

¿Nacemos buenos y nos hacemos malos o nacemos malos y debemos de enderezarnos y mejorar?

La respuesta da para llenar dos blogs y un facebook entero, pero no quiero dogmatizar y que se dé por supuesto nada. Prefiero dejar la pregunta que vuele al viento virtual y que contestéis vuestra opinión cuando podáis, queráis y sepáis.

Dice el libro de las Crónicas del Mundo que los errores (del mundo) son el fruto de nuestra acción y, como todo “fruto”, los hay como la nuez, cuya cáscara es francamente dura para acceder al interior (que sería la luz). Y puestos a ver los “frutos” de nuestro jardín, podemos acceder a un nivel superior para ver otras frutas cuyas cáscaras, que protegen (pero que también parasitan) la luz interior, son mucho más fáciles de pelar, como es el caso del plátano, y aún más superior como pudiese ser la manzana o una pera o las uvas, en la que la cáscara es tan fina que ya es posible ingerirla sin pelarla. Así hasta llegar a un nivel en el que una fruta, como la fresa, carece de cáscara y permite ser comida (acceder a su interior) directamente previo lavado bajo el grifo.

Por esto se sabe  que a medida que nos elevamos y depuramos el mal, la carencia, éste será cada vez más tenue y dispondrá de menos anclajes para permitir la parasitación del bien.  

En nuestro nivel, que, metafóricamente, es llamado el Huerto de los Nogales, por razones obvias,  se trata de saber partir nueces con un martillo –no vale otro objeto duro como el corazón o la cabeza del prójimo– o un cascanueces al uso –aunque yo creo que eso es ya de profesionales– y, así, liberar la luz para ingerirla.

Dice el Zohar que cada letra de la palabra EGOZ  (Nuez en Hebreo) representa una contraposición a cada una de las letras del nombre de Dios, de cuatro letras, y la cábala considera que, todo el tiempo en el que la Nuez no esté rota, nos hace vivir una situación similar al Caos, porque el Caos es la oscuridad, y, aunque haya luz, las cáscaras de tantas nueces sin partir nos impide el paso de la luz para que podamos “ver”. 

Es sorprendente el hecho de que el fruto de la nuez se parezca a un “cerebro”!!! un cerebro verdaderamente iluminado al servicio del Bien.

Este es el secreto desencriptado de la frase del Cantar de los Cantares con el que abrimos el post:

 “El Guinat Egoz Yaradti”… Vine al mundo –el huerto de los nogales–  para ver (evaluar) el estado de nuestra conciencia y la graduación de luz que nos permitan observar si la viña (las uvas)  está en ciernes y los granados (bajo la cáscara hay infinidad de lucecitas) lucen y llegan a donde tienen que llegar para ser contabilizados.

Y, cuando uno no es capaz de romper la cáscara de la nuez, uno se queda delante de los nogales sin poder comer los frutos de su acción… y uno debería tener el suficiente deseo y humildad como para buscar un martillo y aspirar a “cascar nueces”. 

¿Y cómo se cascan nueces? Cuando uno da o comparte en contra de la lógica del ego, del sentimiento o de la conveniencia, los “atributos” que creamos con nuestras acciones antiegoicas tienen la suficiente contundencia para romper una gruesa cáscara, y un día, sin darnos cuenta, nos volvemos “cascanueces profesionales”.

52. LAS PALABRAS Y LAS COSAS

Siempre que hay confusión entre “Hechos” y “opiniones”, hay lío seguro. Y, cuando hay lío, hay caos y, ante el caos, surge el Totalitarismo. Así, en palabras de Hannah Arendt, se generan los cambios de regímenes a lo largo de la historia.

Hannah (Johanna) fue una filósofa del siglo pasado con un sistema de análisis de la realidad —parcialmente influido por Heidegger— que la convierte en una pensadora original situada entre diferentes campos de conocimiento y especialidades universitarias. 

Hace ya mucho tiempo que las cosas no se hacen ya por sometimiento de la fuerza, sino a través de diluir una mayoría silenciosa y  adormilada en una inmensa minoría adoctrinada, que se va apoderando del lenguaje y de las estructuras de poder, para mantener cierto control en la línea, cada vez más gruesa, entre lo políticamente correcto y lo que no lo es. Y así llegamos a la dualidad de la verdad. Se llama “posverdad” y es la denominación de origen del “postmodernismo”.

La posverdad es  la clásica mentirijilla “sana”, emotiva y justificada que presenta a los hechos objetivos de la realidad o de la historia que se esté contando como menos determinantes o subjetivos para poner  el énfasis en la emoción, o en las creencias, o en los valores de la identidad de grupo al que se pertenece o se busca pertenecer. Dicho de otro modo, la supremacía de lo “subjetivo” (relativo y más-que-dual) frente a lo “objetivo”.

Es decir, la posverdad es la media verdad, o media mentira, aderezada deliberadamente con algún elemento que toque nuestro cerebro límbico (emocional). 

Un ejemplo, la ideología nazi desde 30 años antes al ascenso del nazismo ya se fue encargando de que se buscase siempre, siempre, cada vez que se fotografiaba a un judío —ya sea niño, mujer, adulto o anciano— la imagen de algún niño obeso y sucio, mujer desdentada con apariencia de bruja, un adulto pidiendo limosna, un anciano decrepito y sucio a la puerta de la opera… Se trataba de unir en el inconsciente la imagen de “judío” con algo marginal, parasitario y decadente. Diez años después, se hablaba ya de una “rata judía” e, incluso hoy día, se oye “perro judío”.

Como ya dijimos, ya estaban implantadas las fuerzas opuestas: Una ideología como Fuerza 1 y  una “verdad emocional” (la posverdad, una especie de fakes de aquella época) como Fuerza 2. Ahora era necesaria la Fuerza 3 que “activase”  el fenómeno. ¿Cuál fue la Fuerza 3? Simple y llanamente, la terrible Humillación y miseria que sufrió Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Y, después de eso, bastaron otros 10 años para, no lo olvidemos, ganar Hitler unas elecciones democráticas. El resto es ya Historia …negacionista. Dicho de otro modo, en palabras de Kenan Malik:

“Siempre hemos vivido en un mundo con demasiadas verdades que cada día, desgraciadamente, se reproducen cada vez más a su vez”. 

Por eso, no es sorprendente que haya “negacionistas” que fabriquen su propia verdad para poder encargar y dar estabilidad a su propio sistema de creencias e identidad de grupo. Para el que no lo conozca, Kenan Malik es un escritor y conferenciante británico nacido en la India, formado en neurobiología e historia de la ciencia, cuyo trabajo se centra en la filosofía de la biología y en las teorías contemporáneas del multiculturalismo, el pluralismo y la raza.

El culto postmoderno a la posverdad no tiene nada que ver necesariamente con la maldad –al menos con los ejecutores, no tanto con sus ideólogos– sino, más bien, con ese rechazo a aceptar nuestra sombra y, ante eso, la única opción posible es la de “fabular” y apelar a la épica emotiva del grupo  que se quiere consolidar y ampliar. Ésto no es nada nuevo. Siempre existieron los fakes news sólo que ahora es más fácil por la tecnología y las redes sociales. En el nerviosismo de los medios y los gobiernos por las fake news, hay un elemento que tiene que ver con la ansiedad que produce la pérdida de un monopolio: El de la intoxicación.

Como ya escribimos en la entrada de la “Avaricia cognitiva”, la pereza mental tiene mucho que ver en la aceptación de la “posverdad” porque, a lo que encaja a priori con lo que pensamos o deseamos, oponemos inconscientemente menos resistencia cognitiva o intelectual.

Michel Foucault fue un filósofo francés de ideología marxista que, a la edad de 43 años, accedió a la cátedra de Historia del pensamiento filosófico. Sus análisis sobre el poder y las relaciones entre poder, conocimiento y discurso han sido, de largo, referencia de los intelectuales del último tercio del siglo XX. Y los asistentes a sus clases en la Universidad eran tan numerosos que debían de habilitarse en el anfiteatro del recinto universitario. Sus visitas a Irán, le hicieron conectar con las ideas revolucionarias de los incipientes Ayatolás, las cuales apoyó en sus escritos y en su oratoria.

Sin embargo, a los pocos meses de su encandilamiento con el movimiento fundamentalista, cuando estos ya alcanzaron el poder, Foucault realizó una dura autocrítica acerca de su injustificable error de apreciación política.  Foucault reconoció que no fue capaz de  discernir entre palabras (lenguaje) y realidad (cosas), de advertir lo que estaba ocurriendo y no fue capaz de relacionar, ni siquiera por una sola vez, el lenguaje y adoctrinamiento de los Ayatolás  y su revolución con la realidad oculta de la Sharía.

Fue, a partir de aquí, cuando Foucault desarrolló toda la teoría de la manipulación de la verdad al servicio de una revolución o de un grupo de poder. El concepto de posverdad y el nacimiento del postmodernismo que se explica en el video que ponemos a continuación.

51. EL CUENTO DE LAS COMADREJAS

Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada. Marc Twain.

Hemos pasado de ser manipulados a la hora de comprar un coche (en el anuncio siempre sale una chica super sexi, que no estaba ni en el concesionario ni jamás me la han presentado desde que lo compré….) a ser manipulados en nuestro propio estado de opinión.

Se ve que el señorit@ que estaba detrás de todo esto se aburrió del éxito obtenido con los anuncios, salió de su zona de confort y  se trazó un nuevo reto que consiguió con más facilidad de lo esperado. Se trataba de pasar, mediante manipulación de nuestras creencias, de lo impensable (imposible)  a lo Radical, para luego hacernos pasar de lo Radical a lo Aceptable (ya podemos hablar de ello y debatir)  y de lo aceptable a Lo “Sensato” (pensar democráticamente en los que piensan de otra manera).

Una vez en este nivel, lo siguiente era hacernos pasar de lo sensato a LO Popular (crear un estado de opinión al respecto), de lo popular a Lo político (no podemos hacer nada para cambiarlo y hay que darle “salida” y un “espacio” político que arañe votos de quien se sienta identificado) y, por fin, de lo político a lo legislado para hacer de ello “una norma” acorde a la época. Así, estas creencias quedan instauradas como algo moralmente aceptable por nuestro sistema.

El origen de todo esto arranca del valor que tiene, cada vez más,  un “voto” en democracia. Los viejos votan, los jóvenes también, los extremistas votan, los enfermos, los pobres, los ricos, los religiosos votan, los ateos “votan”, todos votan. Antes, todos estos votantes tenían que trascender, por encima de su realidad e identidad de grupo, para poder emitir un Voto entre dos partidos: uno conservador a la derecha, otro a la izquierda, liberal, progresista, etc…

Éstas eran las dos Fuerzas vectoriales que se alternaban en el poder de la mayoría de los políticos hasta que, por aquello de la Ley del 3 de la que escribimos con anterioridad,  aparece una tercera Fuerza, una tercera opción que desencadena el “fenómeno”, en este caso el nacionalismo, que genera, a su vez, un abanico amplio de opciones electorales. Es entonces que se hace necesario crear espacios de identidad electoral que permitan tener un número suficiente de votos para permanecer en el espectro político (formar parte del poder) aunque no sea necesariamente el partido predominante.

Y, de este modo, estamos atrapados en una red virtual de herramientas efectivas (¿Al servicio de quién o de qué?) que emplean sofisticadísimas  técnicas como:

  • La indefensión aprendida. No podemos hacer nada ante la dinámica de los acontecimientos.
  • La disonancia cognitiva. Dos informaciones que entran por dos canales distintos (auditivo y visual, por ejemplo)  y “vence”  la que consigue entrar en el inconsciente, como en mi caso del coche que compré más pendiente de  la chica, a ver si ligaba, en vez de poner el énfasis en las prestaciones del coche en sí mismo.
  • Los enfrentamientos por grupos de pertenencia. Mediante provocaciones, te obligan a radicalizarte buscando tu respuesta “emocional”.
  • Las metáforas. Oímos frases en la TV como “estamos ante un posible Tsunami”, dice el locutor coincidiendo con una imagen de un Hospital con las Urgencias saturadas, con gente con mascarillas hasta las cejas  en una imagen dantesca…
  • Y, finalmente, el lenguaje de la post-verdad. La verdad no es tan importante, lo importante es el lenguaje. Tal como decían los nazis: una mentira repetida 1000 veces acaba siendo verdad.

En esta red tan bien tejida, con medios tan sutiles y con gente tan preparada, es difícil escapar porque las personas que estamos dentro de la red, como en la película Matrix, de la que hacíamos alusión en una de las primeras entradas de nuestro blog, sabemos que estamos siendo manipulados y sabemos que vivimos en el lenguaje de la post verdad, pero nuestra inercia y adormilamiento nos dicen entre sueños “vale, vale…”  

Un ejemplo a propósito de nuestra pandemia: El tema de nuestra salud. Ya no depende del Ministerio de Salud, sino del Ministerio de Defensa y a todos nos parece lógico. Con nuestra complicidad y la de nuestros convecinos, notificamos  a todo aquel que haya dado positivo en un PCR o no lleve mascarilla para que sea localizado a través de los rastreadores para conocimiento de la autoridad competente que vela por nuestra integridad.

Justo, justo, justo igual que el discurso nazi, aquel  en el que, con la ayuda de la ciudadanía y del buen patriota, debe ponerse en conocimiento de la autoridad competente el lugar donde los rastreadores habian detectado un “judío”, que seria tratado “adecuadamente” por el Ministerio de Defensa. Chungo. Al menos para mí, por los recuerdos que evoca en mi inconsciente.

Para terminar, les pido que visualicen el corte a pie del título: 

Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada. Marc Twain.

“El Cuento de las Comadrejas” es una de las mejores películas argentinas de todos los tiempos. En realidad, es un remake de la película “Los muchachos de antes no usaban arsénico” (1976). Después de leer lo que has leído y de haber visto  lo que has visto, probablemente entiendas un poco la zozobra de mi corazón. Como dicen en la película:

No hay que mirar sólo el Juego, hay que mirar al rival y, en este caso, el rival, desgraciadamente, no es visible …. Y no es posible defenderse.

50. LA PIEL A TIRAS

Lo que empecé a vivir en primavera… Me di cuenta de lo que era ayer, mientras me despedía

 Cerré los ojos y al tragar saliva

Aquel nombre se me iba como espuma de cerveza

Y pasan, los coches pasan con sus historias. 

La vida queda en las casas y en la memoria

La libertad que yo probé contigo, no hay vergüenza, te lo digo, era lo que más me frenaba. 

Y por miedo a no saber corresponderte  Qué bueno nacer valiente ¿Cómo afrontas lo que pasa?

Arráncame la piel a tiras, porque sé que pasaste por mi lado y no te supe, no te supe ver.

Arráncame y  enrédate conmigo

Y rómpeme el vestido, cansemos incluso hasta a los amaneceres…. 

En una entrada anterior, la de la muerte, me preguntaba acerca de, en el caso de que tras la muerte sea plausible que una parte de nosotros cambie de “estado”, cuál sería esa parte que trascendería y, por otra parte, si ello es independiente de si la persona, en su vida, fue atea, creyente, “mala” persona (¿Existen malas personas? ¿Buenas? ¿Las hay?), “primaria”, espiritual o del tipo que sea. Y, en aquella entrada (“Mirar al Sol” ), sugería, a modo de hipótesis, que esa parte del “Self” y su pack ligado a él, así como el estado de la “gestión de nuestra sombra” tal cual esté en el momento de la muerte, es la que trasciende.

Antes de continuar, sería conveniente recordarnos que, aunque vivimos dentro del mundo de la dualidad, perteneciente al dominio  de la Ciencia “del Bien “ y del “mal”, se nos olvida que el Universo se rige por la Ley del 3, que sostiene que nunca, nunca, nunca dos vectores, ya sean masculino/femenino, positivo/ negativo, etc…, producen por sí mismos un “fenómeno”, ya que ellos se neutralizan entre  sí; se fusionan o se rechazan. Es  necesaria una tercera Fuerza (bien en su medio, en su punto de aplicación o en su resultado) que, a menudo, pasa desapercibida. 

Casi nunca somos capaces de ver la tercera fuerza, del mismo modo que no somos capaces de observar la cuarta o la quinta dimensión, y sabemos que existen. Cuando veamos que algo se bloquea o se paraliza, deberíamos pensar que falta esa “tercera” fuerza. Y, si pudiésemos ver, en toda la realidad explícita ante nosotros, la tercera fuerza en cada cosa, seríamos capaces de entender el mundo desde esa perspectiva “holística” que tanto se habla y, además, seríamos capaces de “entender” y comprender el mundo, nuestro mundo, mucho mejor. 

Un ejemplo: La política actual en nuestro país está polarizada y tensionada, bloqueando la vida social, volviéndola más encorsetada y menos resolutiva. ¿Por qué? Porque hace falta una tercera Fuerza. Quizás esa tercera fuerza sea la “observadora” subjetiva, pero equidistante, de los dos polos que ven la vida cada uno con su verdad.

Lo cierto es que, a nivel psicodinámico, nos protegemos de esa tercera fuerza invisible que amenaza nuestra bipolaridad y, entonces, nos ponemos la “máscara”. 

Nunca habíamos dedicado una entrada a la máscara. Curioso  y “casual”  que, desde marzo del pasado año, todo el planeta está abocado a llevar “mascarilla”, una especie de minirecordatorio de que la máscara (la grande, la invisible) se va quedando pequeña y nos hace falta una “supletoria”, porque cada vez somos más miedosos y más culpables de algo indefinido que planea sobre nuestro inconsciente y sólo el miedo y la culpa hacen que la máscara, que llevamos de forma invisible, sea insuficiente para escenificar nuestras vidas.

Entonces viene esa tercera fuerza, en este caso en forma de “virus”, que penetra en nuestra dualidad, nuestro sistema de dos fuerzas y se presenta ante nosotros para provocar este fenómeno, en el que estamos inmersos, llamado “pandemia”. En Cabalá, la tercera fuerza proviene de la sefirà más alta del Árbol de la vida, la sefirá de Kéter (corona); es decir, del principio vital de todas las formas de energía y de vida. Por eso, digo yo, que se llama “coronavirus” y, por eso, andamos tan perdidos apegándonos aún más a la máscara, a la mascarilla y a lo que venga. 

A más de uno, les tendrán que arrancar la piel a tiras y, ni aún así, se quitarán la máscara invisible. Y, por eso, la situación se perpetúa, se cronifica y a la larga empeora.  Pienso que, tras casi un año del primer confinamiento, del primer estado de alarma, de tu primera mascarilla, de tu primer zoom, videoconferencia, teletrabajo etc…, no estaría de más que valorásemos en qué situación nos encontramos económicamente, afectivamente, emocionalmente y sanitariamente. 

La pregunta es:  ¿Cúal es tu posicionamiento frente a la pandemia? ¿Qué piensas de ella? ¿Quién o qué nos sacará de este sometimiento? Y lo más importante ¿Tienes alguna alternativa ante esta transición tan “caótica”?.

Como escribíamos en la entrada “Cada loco con su tema”,  cada uno va adquiriendo un conocimiento y saber propio respecto del entorno al que pertenece particularmente, lo que entendemos por primera fuerza, y que es donde se define el perfil de nuestra realidad existencial.

A este perfil, con el que nos paseamos intentando encajarlo con nuestro entorno al que le ponemos la máscara y, por encima de  esta, la mascarilla por imperativo legal, se va solapando  una segunda fuerza, que es el conocimiento y saber propio que cada uno tiene y que no ha sido producto de la interacción con el entorno, sino  que forma  parte de su self, y que llamamos, de una forma superficial, “don” o genialidad  y que, ya dijimos, es el lugar donde  radica nuestra capacidad potencial de revelar la luz oculta de fuera (el otro lado) y la nuestra propia (la sombra). 

Es así hasta que  aparece la Tercera Fuerza en forma de  “evento”, “acontecimiento vital” , “Trauma” o conflicto que llama a la puerta, te quita la mascarilla, la máscara y la piel a tiras, y nos provoca ese “fenómeno” llamado por todos “Despertar”. Entonces, uno repite, un poco para sí mismo (self), parte de la letra de la canción que hemos puesto en titular:

Lo que empecé a vivir en la primavera de mi existencia… Me di cuenta de lo que era ayer y, mientras me despedía de lo que se iba, cerré los ojos y, al tragar saliva, fui consciente de que Aquellas verdades mías se me iban como espuma de cerveza. Y, mientras tanto, la vida pasa, los coches pasan con sus historias, La vida queda en las casas y en la memoria La libertad de ir sin máscara, que yo probé contigo (sin vergüenza lo digo) fue  lo que más me frenaba. Y por miedo a no saber  “estar a la altura” —Qué bueno nacer valiente— es difícil afrontar  lo que uno deja pasar. Arráncame la piel a tiras, porque sé que pasaste por mi lado y no te supe, no te supe ver  Arráncame y  enrédate conmigo Y  quítame la máscara y rómpeme el vestido, para que la Luz entre  hasta que amanezca…. 

49. MIRAR AL SOL

Dedicado a la Rosacruz de mis seres queridos, a  nuestra Reina y a la princesa Sofía

“Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.” (Platón)

El pasado mes de octubre falleció el hermano de una amiga mía. 50 años. Algo inesperado. Un infarto. Niños de por medio… En estos casos, se mezclan: el miedo a la muerte que llevamos, en mayor o menor grado, todos nosotros con la angustia de abandono percibida en los niños, los sentimientos de orfandad que resuenan con los tuyos propios, el tema de la vulnerabilidad, la irreversibilidad, lo definitivo, lo irremediable y, en este caso, “lo súbito”.

Irvin D. Yalom, mi referente terapéutico, concilia la filosofía con los intereses existenciales y la psicología (su libro, el día que Nietzsche lloró, es imperdible para cualquiera de la hermandad). Tiene escrito un libro (que da título a esta entrada) que indaga sobre el miedo a la muerte y en el que se mezclan elementos de depresión, negación, estrés e incluso violencia ante lo irremediable. 

Irvin Yalom es ateo y rechaza de plano cursilerías espiritualoides en un tema tan serio, pero… le da sitio al hecho de que la especie humana se preocupe por la educación de los niños, la creencia en un ser superior, o la perpetuación de nuestro nombre a la memoria que queda de nuestro paso por esta existencia. Le da sitio, lo sitúa, e intenta buscar un camino que ayude a mitigar el dolor, el vacío, la sensación de carencia, la culpabilidad por quedarse aquí, la negación, la impotencia…

Hace años, tuve el enorme displacer de vivir el caso de un chico que debutó con leucemia y como el caso, aparentemente “fácil”, se fue complicando al mismo tiempo que el chico en cuestión, por una serie de circunstancias, se fue haciendo cada vez más mediático y el caso, al mismo tiempo, más ingobernable. 

En aquella época, sufrí el enorme dolor de asistir, sólo como un espectador, al enorme dolor y angustia existencial paralizante de ver como lo irremediable se aproximaba a marchas forzadas, como una locomotora cuyo maquinista no ve que hay alguien trabado en la vía. Sí. Como la escena primera de Tomates verdes fritos. La Historia de un amor en tiempos difíciles ¿Se acuerdan?

Es imposible que, desde este plano dual, seamos capaces de entender la muerte. Nuestra misma dualidad parametrizada entre el 0 y el 1, entre la vida y la muerte, es nuestro propio sesgo para poder imaginar qué pasaría si fuésemos capaces de sostener 15-20 minutos la mirada de tú a tú al Sol… 

Si en la entrada anterior decíamos que la alegría es el fenómeno que se produce cuando se unen dos opuestos, entonces, la tristeza es el sentimiento que define la separación entre dos opuestos, en este caso el cuerpo y el Alma. 

Tendremos que sostener que la muerte no es más que el divorcio entre esas dos partes, cuerpo y Alma, que en su día se unieron para “nacer” y asumir que, al igual que todo lo que existe en este plano tiene un tiempo de empezar (nacer) y un tiempo de terminar (morir), todos nosotros, algún día, tendremos que irnos. 

El problema es que se nos olvida que, como muchas veces damos a entender en este blog,  somos una especie de avatar procedente de un mundo no-dual que está aquí en prácticas (en una especie de Erasmus universitario) y nos cuesta trabajo entender que, una vez despojados de nuestro “traje”, nuestra esencia no se queda apegada a los restos que han quedado, sino que regresa, no sabemos a qué lugar.

Pero… ¿Qué parte de nosotros es la que se va? Pues ni más ni menos que nuestra “memoria”, nuestra autenticidad, nuestra  “forma” de ser. Nuestro Self. Nuestra índole “íntima y personal”. Nuestra Luz con su sombra. Nuestra Luz con nuestra carencia “gestionada”.   

Así que, del mismo modo que somos capaces de llevar nuestra memoria del PC en un Pen Drive, quizás nosotros seamos un “ser” en un Pen Drive, con una memoria limitada  de 4, 6, 8, 16 o 32GB, según cada uno su naturaleza, que es transferido quizás a un ordenador central, una matrix, un procesador central interUniversal… Vaya usted a saber… aportando “su” información y “report” de su experiencia en el Erasmus.  Sólo que…

Sólo que quizás haya que contemplar, además, la posibilidad de que en un futuro sea útil esa aportación y nuestro Pen Drive (su información) sea necesario y útil para resetear una nueva realidad más allá de los tiempos, porque no hay que olvidar que el tiempo es una dimensión exclusivamente de los Humanos, pues los otros reinos, incluso los animales, carecen de él. 

Y el problema es dejar aquí, en el Aquí y en el Ahora, algo material, una foto “finish”, algún sustrato para que en un futuro podamos introducir nosotros mismos nuestro Pen Drive de nuevo. De ahí la famosa frase de la canción de Julio Iglesias: “Al final, las obras quedan, la gente se va… otros que vienen las continuarán. 

La pregunta es: ¿Las continuarán? ¿Para qué?  

Para mejorar esa infraestructura material en la que hemos “vivido” y que algún día podrá ser reseteada cuando volvamos, de una manera u otra, aportando un conocimiento “unificado, rectificado, discernido, contrastado por encima de lo que pudiésemos pensar o sentir, porque ya hemos comprendido desde la paz y la armonía, desde la alegría y desde la felicidad, desde el odio y del rechazo, desde que iniciamos nuestro recorrido, primero como un fotón, luego como un espermatozoide o un óvulo, luego como un mineral, vegetal, animal y finalmente como “portavoz de una Humanidad” que está aprendiendo a hablar, y que cada vez sabe más lo que hay que decir, cómo decirlo y cuándo decirlo.  No sé si es así cómo va a ser, pero me gustaría que así fuese.

Y como dice Yalom, no es fácil, ni divertido, ni útil, vivir cada momento con la total conciencia de que moriremos. Eso también es como tratar de mirar al sol de frente: sólo se podría soportar un rato. 

Del mismo modo, tampoco podemos vivir paralizados por el miedo, siempre hay alguna argucia “intelectual” que nos ayuda a generar métodos para suavizar el terror que nos produce la muerte. El terror a irnos y que pasemos al olvido. En mi caso, en mi narcisismo, lo que me hace llorar es la certeza de que la vida seguirá sin mí, y que mis hijos harán su vida y yo no podré celebrar como la vida se abre paso ante ellos, como el futuro llama a su puerta y se instala con sus novedades en sus vidas (el WhatsApp de entonces, el internet de la época, etc…). A saber qué será lo que vendrá para ellos, que son una “expansión” de mí. 

Sin embargo, a los pocos minutos de esa mínima terri-depresión (mezcla de terror y depresión) nos proyectamos al futuro expandiendo nuestro Yo (a través de nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros discípulos, nuestros títulos…), enriqueciéndonos, apegándonos al éxito, al blog, al status y, en definitiva, a la parte externa de nuestro YO, desarrollando rituales protectores compulsivos y, en el fondo, fondo, adoptando la  creencia inexpugnable de que en el último, último minuto, seremos rescatados. 

Ya dijimos en una entrada anterior que, al fin y al cabo, la Felicidad es la sensación de expansión de mi YO con cosas más o menos prioritarias en función, también, de la naturaleza de cada uno. A más plenitud, mayor sensación de “felicidad”; a más carencia, mayor sensación de tristeza….

Concluyo:

La ansiedad ante la muerte es la madre de las religiones, la piedra angular de las neurosis, la reina madre de las fobias.  Y Dios, según se lo representa en todas las culturas y religiones, no sólo alivia el dolor de la mortalidad por medio de una u otra visión de una vida perdurable, sino que palía además nuestro temor al aislamiento ofreciendo una presencia eterna, además de proveer normas claras para vivir una existencia significativa.

Aunque muy poca gente tiene acceso a un Dios que simplemente quiera recuperarte para Él. Quizás para prepararte una sopa caliente o para preguntarte simplemente “Dime qué tal te ha ido, cuéntame un poco… quizás, también, tenga su zona íntima y personal que quiera compartir con uno….

Aun así, a pesar de las más sólidas defensas que podamos tener pensando este tipo de cosas, aun, a pesar de nuestro conocimiento adquirido para aparentemente  iluminar lo desconocido, nunca podremos vencer del todo la ansiedad que nos produce la muerte, porque en el fondo nos hemos apegado tanto a la vida, que hemos aprendido que, a pesar de cualquier motivo de sufrimiento, dolor, expectativa y semioscuridad, nos parece bella. No porque sea bella en sí misma… sino porque es vida.

48. JOIN ME: ALEGRÍA

“Cuando la alegría espiritual llena los corazones, la serpiente derrama en vano su veneno mortal.” (S. Francisco de Asís)

He recibido muchos comentarios por correo interno en relación al concepto de PAZ de la entrada anterior, y el comentario acerca de la simbología de la mascarilla y la realidad del mundo. Muchas vueltas de comentarios acerca de la espiritualidad, la religión y la paz mundial. De eso se trata, de remover y despertar a la persona y generar un estado de opinión que no sea reflejo o influencia del mío, sino una consecuencia o reacción a lo escrito por un servidor. 

En dichos comentarios la búsqueda y/o aspiración a la felicidad y a la alegría se solapaban entre ellas, y no quedaba claro dónde empezaba una y dónde acababa la otra . Así que  ¡al ataque !!

Felicidad es aquel estado que se produce por extensión de nuestro YO. Aquello que tenemos, disponemos e incorporamos a nuestro YO incrementa nuestra felicidad, ya sea con conceptos materiales o no tantos: un coche, un hijo, una mujer, un reconocimiento, un patrimonio, un status, una verdad encontrada, una conexión con la vida y, sobre todo, el conocimiento. 

Este conocimiento puede ser de una visión filosófica o de la ciencia, pero, en ambos casos, el riesgo es que, o bien, ese conocimiento filosófico sea relativo, o bien, la ciencia se quede en pañales, como está sucediendo ahora.

¿Existe el conocimiento sobre alguna verdad absoluta e inmutable? ¿Cuántos médicos habrían pensado hace un año que la ciencia no fuera invulnerable y que los antibióticos pudieran no ser infalibles, así como todo el arsenal a disposición de los médicos de las UCI, etc… ? Y no se trata del nivel de un país o de una dinámica política: España, Francia, UK, Italia, China, EEUU… todos han doblado la rodilla y están quedando en una situación económicamente muy comprometida.

Si la Felicidad es la extensión del Yo, la Alegría es el resultado de la reunificación de dos conceptos opuestos, reunificación de dos seres queridos, la unificación entre un Hombre y una Mujer, la Unión de algo espiritual con algo material,  la reunificación de un alma con un cuerpo….. todos estos casos implican la recuperación del estado original que se perdió al entrar de por medio la dualidad. Y lo contrario, la separación de dos opuestos, que estaban unidos, genera “carencia”, nostalgia y tristeza. Join Me: Únete a mí, la canción que da título a nuestra entrada de hoy, eso es Alegría.

Y la pregunta es ¿Alegría o Felicidad?

Con Paz, con Felicidad y con Alegría sobran las palabras.

Por regla general, las palabras, que son los vestidos de la energía del pensamiento, se quedan cortas respecto a lo que sentimos o queremos expresar. 

El Midrash del Génesis enfatiza el hecho de que seamos la guinda del pastel de la evolución. La guinda “parlante” del pastel de la existencia. Somos el único evento creado con capacidad de hablar y de expresar. Ya lo habíamos dicho en entradas anteriores: Mineral, Vegetal, Animal, y Parlante con capacidad para expresar y trascender.

Uno pudiera pensar que la capacidad de hablar, que ya venía con el primer hombre, Adam, era, en teoría, para hablar con Eva, pues no había nadie más con quien hablar. Sin embargo, Eva no es creada hasta un rato después y aparentemente está de más esa capacidad de hablar mientras no está Eva.

Lo propio sería desarrollar esa capacidad de hablar a medida que le surge la necesidad de hablar y comunicarse  con su compañera, pero no fue así. Entonces… ¿Para qué tenía “a priori” esa capacidad de hablar si hubo un espacio en el que no tenía nadie con quien hablar? Y la respuesta que ofrece es que el habla se la otorgó “Dios” precisamente para hablar con Él y con toda la naturaleza, como San Francisco hacía cuando se comunicaba con la luna y el Sol, a los que llamaba hermanos. Algún día escribiremos sobre la fuerza del Rezo, de la oración, la del silencio, así como las fuerzas de las lágrimas. 

Me quedo hoy con esa reflexión. Mascarilla tapaboca para no estar en el juicio sobre el otro porque, cuando se emite un juicio sobre alguien, ya, de entrada, se está partiendo de la base de que se es superior a ese alguien… sin olvidar las veces que, estando felices y alegres con alguien, decimos “algo” inconveniente o inapropiado que lo echa todo a perder…

47.2 LA PAZ SEA CONMIGO (y con tu espíritu…)

“La paz es para el mundo lo que la levadura para la masa” (El Talmud)

Ahora vamos a tomar toda la información de la anterior entrada  y a entender cómo se expresa en el alma del hombre, en el alma de los pueblos, en el alma del universo.

Tres niveles: Intelectual-emocional-conductual

Se habla de tres niveles de conciencia: el inferior es “conductual” o “instintivo”, por encima se encuentra el emocional, “emoción”, y por encima el “intelectual”. 

Cuando en el lenguaje de la Biblia se habla de la paz en la tierra en una visión mesiánica, se refiere al conocimiento de la Divinidad interna que, al sobrecrecer tanto, asoma por fuera y acaba derramándose la paz interna de uno y extendiéndose a todo el entorno como una oleada del mar… Es un estado de conciencia humana en la que la paz no es sólo la paz entre las personas y los pueblos, sino un estado o forma de ser que algunos quizás ya hayan probado o sentido….

Volvamos a la raíz de la palabra para paz שלם, shalom, shin lamed mem. Su primer significado (que vimos en la anterior entrada) “tashlum”, תשלום, pagar o retribuir, es un nivel de conciencia instintivo o conductual. No hace falta pensar dos veces que, si tomé algo, debo pagar. Esto debe ser algo automático. Este es el nivel básico, conductual, del alma. Esto se llama mecanismo feedback, retroalimentación. 

Si las personas actuaran instintivamente así, no haría falta gobierno, ni policía ni leyes, porque sería el comportamiento normal de las personas. En este sentido, toda bondad que recibamos u otorguemos que obedezca a pagar una deuda o carencia, aunque sea por gratitud, no es una paz que damos, sino una bondad o armonía que hemos creado y poco más. 

El corazón tiene que estar completo y la mente tiene que estar en armonía. Sin estas condiciones, será un sucedáneo de paz, o tolerancia, o permisividad; cualquier cosa menos PAZ. Loable, pero perecedera y, como dijimos antes, así, como la paz en el individuo, a nivel de mundo, es la paz en la mente del mundo. Cuando hay paz en el mundo, se cumple “y se llenará la tierra del conocimiento de la fuente, de la esencia,  como las aguas cubren el mar”.

¿Qué tenemos que hacer para crear una agenda que lleve a mejorar en gran manera la situación actual del mundo? Mira, para ello, la dinámica mundial en la que estamos sumidos: con mascarillas, tapabocas y confinados en casa.

Ensayemos, entrenemos nuestra intimidad en la zona íntima y personal de nuestras vidas, hablemos menos con el cónyuge y escuchemos más. Como en las películas de romanos, tipo Quo Vadis o Ben Hur, saludemos en casa con algo así: Hola cariño, La paz sea conmigo… y con tu espíritu. Y el “cariño” te contesta, igualmente bonit@. Fácil 

Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor (Antoine de Saint-Exupéry)

47.1 LA PAZ SEA CONMIGO (y con tu espíritu…)

La palabra PAZ y la palabra AMOR son dos de las palabras más devaluadas en nuestras vidas. Solemos hablar mucho de Paz en tiempos de guerra, hablamos de Guerra fría como sucedáneo de paz, etc… en última instancia, es difícil aspirar a un mundo en paz sin que nosotros hayamos conseguido defender nuestra propia paz, la paz interior.  

Son muchos los caminos que puedes encontrar que te lleven a la paz, en función de los recursos que movilicemos, y no hay que confundir entre Crecimiento Personal, que son todos los recursos externos que puedo mover  para alcanzar mi  paz interior; Espiritualidad, que es un camino que comienza en el interior para mover mis recursos internos, y así alcanzar y sostener la paz interior; y  Religión, cualquiera que sea, que sigue siendo un recurso externo, una doctrina, un dogma que interiorizo y me crea una conciencia colectiva que voy asimilando para ayudarme a conseguir la paz interior.

En cualquier caso, el objetivo común al que se llega por el crecimiento personal, la espiritualidad y/o la religión, es la paz.

En el hebreo Bíblico, la palabra para paz es  שלם , cuyas letras shin ש lamed ל y mem  ם, suman 370, su reducción es 10 (3+7+0) y finalmente 1. Lo que nos sugiere, quizás, que la Paz comienza en uno y está al servicio de la colectividad (10). En el libro de las raíces, el RaDa”K (Rabí David Kamji, edad media) escribe que la raíz שלם posee tres significados que reflejan diferentes niveles del alma. Si los vemos de abajo hacia arriba (tal cómo él los ordena), podemos observar que:

  • El primer significado es: תשלום , tashlum, “pagar” o “retribuir”. 
  • El segundo significado es  שלמות , shlemut, “completado”, “íntegro” 
  • El tercer significado es  שלום , shalom, “paz”.

La relación entre los dos niveles superiores, shalom y shlemut, es obvia, paz y completo. Un estado de paz entre dos personas refleja una relación completa entre ellas, no quebrada (sin división o discrepancia). Más todavía, y esto es lo principal, no se puede llegar a la paz si no está basada en la “integridad”, como explicaremos.

Ni la religión ni el crecimiento personal es el objeto de este blog. Desde una perspectiva funcional, ya hemos dado a entender que nuestra mente “dual” es el principal interesado en “darle cancha” a la “unidad” del espíritu. Por eso, el primer paso para activar la espiritualidad es la “desactivación” del Ego, intentando desapegarse de la dualidad. 

Esta primera fase se denomina “despertar de la conciencia”. No es lo mismo pensar que uno es un ser humano que de vez en cuando tiene una experiencia espiritual (acceso a la unidad, desapego de la dualidad) que pensar que uno es un ser de luz que eventualmente tiene experiencias humanas. En base a esto, podemos decir que siempre, incluso en la prehistoria, ha habido atisbos de espiritualidad. Por ejemplo, el Hombre del Neanderthal fue el primero que comenzó a “enterrar” a sus muertos, oficiar rituales funerarios y de nacimiento, en lo que podemos intuir un pensamiento trascendente respecto al difunto que se ha ido, o al recién nacido,  como diciendo que hay algo más allá de la vida y de la muerte. 

Hay personas, sin embargo, que carecen de cualquier esbozo de espiritualidad y no por ello quiere decir que sean materialistas. Ni eso. Hay personas que, al tener sólo un esbozo rudimentario de conciencia individual, todo lo que piensan, sienten y hacen, lo hacen en función de un colectivo con el que se identifican, y no son capaces  de ver – porque no hay – ningún rasgo de individualización. Por eso son llamados Hombres Primarios.

Ellos se identifican con un equipo de fútbol y son radicales frente al resto de equipos; o bien se identifican con un credo y reaccionan de forma radical y grupal contra todo aquello que no comulguecon las señas de identidad de su propia colectividad. Carecen, por tanto, de cualquier rasgo de autocrítica (individualidad). Algunos miembros de algunos partidos políticos, sectas religiosas, pandillas, etc… ¿Se acuerdan de “la manada”? Todas estas radiografías psicodinámicas están integradas por Hombres Primarios. 

En un escalón superior, respecto a la “individualización”, está el llamado “Hombre Natural”, en el que existe una diferencia entre la Tendencia de la persona y su vivencia. La tendencia es la relación de su Yo con el Mundo y la vivencia es su relación con sus percepciones. Se trata, más bien, de un Hombre Natural “Básico”, en el que su conducta es en base a sus emociones y sentimientos. Apenas piensan, apenas rectifican y, “básicamente”, su única justificación ante el maltrato al que someten a sus “seres” queridos son frases como “es que yo soy así”, “el sentimiento es lo que manda”, “yo no voy a cambiar”, “él me provocó”, “yo esto no se tolero a nadie”… Siempre hacen una huida hacia delante y de ellos se puede decir que son más temidos que amados y más respetados que “escuchados”.

Normalmente, este tipo de hombre suelen congeniar e identificarse con algunos grupos primarios en los que “él” es el mono sabio que se atreve a dialogar con ellos. Vamos, el tuerto en la pandilla de los ciegos. A estos, no les hable de Crecimiento espiritual, pero quizás tenga éxito venderle un “Dios” castigador o una estructura jerárquica donde él puede mandar y ser mandado, sintiéndose el eslabón útil de una inmensa cadena que desconoce. 

En un grado superior a este se sitúa el Hombre Natural dormido, que no es capaz de distinguir la realidad de lo que le gustaría y vive la vida como si fuese un personaje creyéndose sus propias mentiras. Muchas veces no puede distinguir si su vida es más la del escaparate, con la que se muestra a la vida (el personaje), que es la zona más externa de su personalidad, en contraposición con su zona íntima y personal (la parte más interna o esencia), que no conoce y no está dispuesto a mostrar. En definitiva, vive actuando porque no sabe quién es y es una veleta sin criterio.

Y, por último, está el Hombre Natural Despierto, que ha despertado, normalmente, debido a un acontecimiento vital impactante que le ha sacudido. Esto fue lo que les pasó, por ejemplo, a la coautora del Taller de Milagros, a Helen Shucman, Byron Katie (la autora de “Amar lo que es”), Carlos Castañeda, Deepak Chopra, E. Tolle, Thit Natch Hann, Claudio Naranjo, Anthony Blay y muchos más que son considerados maestros del despertar. 

Este Hombre Natural Despierto, si no vuelve a dormirse, cosa improbable, mantiene una conexión entre sus dos Yoes, el ondular y el corpuscular, para, desde su zona de paz y equilibrio, ser capaz, desde fuera del “todo”, de poner todos sus dones al servicio del “todo” al que sabe que pertenece. En este nivel, las referencias son maestros ya consagrados, desde el Dalai lama, Buda, Krisnamurthi, hasta los Maestros cabalistas como el Ramjal, el Arizal, El Ben Ish Jai y el Baal Hasulam.

En la siguiente entrada entenderemos cómo se expresa toda esta información en el alma del hombre, en el alma de los pueblos, en el alma del universo… Mientras, os dejamos con este vídeo de Ramiro Calle.

46. LA PRISIÓN Y LA PRESIÓN

No te irrites con las situaciones. Comprende que el verdadero problema es tu forma equivocada de reaccionar. (Buda)

Decía el profesor Candegabe, un eminente Homeópata argentino, que, a menudo, Prisión y “Presión” son vocablos muy cercanos y no casuales en el discurso de vida de muchas personas.  Cuando los agentes de afuera son hostiles y uno en su interior no se defiende por la razón que sea, uno se siente “presionado” y su naturaleza “animal” de defenderse de la ofensa, del dolor, de la humillación o de la calumnia, se siente “aprisionada” y se empieza a gestar una “olla a presión” que, más temprano que tarde, acabará por traducirse en una sensación de enfermedad.

“Presión sobre la mente, tarde o temprano, implica meter en “Prisión” al corazón.

A menudo podemos escuchar frases como “soy bastante tranquilo y frente a ciertas situaciones me contengo”, “practico Mindfulness o Yoga”,  “me evado en mi hobby y eso me hace contenerme mucho más aún” o “muy raramente estallo”.  

Lo normal, pienso yo, es que, cuando estamos presionados, podemos optar por una de estas tres situaciones:

1.- Huir y evitar la ofensa por “miedo a perder el control”, lo cual me indigna conmigo mismo y me obliga a autocontrolarme aún más, “no vaya a ser que” la próxima vez  “salte”. Esto hace que la cólera reprimida, ese temor a nuestra propia sombra, tarde o temprano, la tengamos que soltar con “Diarrea”, Hemorragia, Tos, Vómitos o sensación nauseosa buscando una salida digna a nuestro dolor acumulado.

2.- Quedarse y empaparse de dolor, sostenerse hasta rompernos. Dice M. L. von Franz, una discípula de CG Jung, que, cuando un individuo hace un intento para ver su sombra, se da cuenta (y a veces se avergüenza) de cualidades e impulsos que niega en sí mismo, pero que puede ver claramente en otras personas:  cosas tales como egoísmo, pereza mental y sensiblería, fantasías, cobardía, apetito desordenado de dinero u otras  posesiones. 

Todos los pecados veniales sobre los cuales podría haberse dicho aquello de “eso no importa, nadie se dará cuenta y, en todo caso, otras personas también lo hacen” y con el que acaba “comulgando”, no sin culpa y miedo en su zona íntima y personal, y todos estos pensamientos, como resultado, le hacen conducirse de forma Hipocondriaca por su salud.

3.- Devolverlo y luchar dialéctica o gestualmente hablando, lo cual es algo como “morir o matar” tal como ancestralmente hacíamos hace un millón de años cuando nos topábamos casualmente con uno o varios  tigres de los de aquella época. Sólo que ahora, el enemigo hostil, los tigres,  ya no son visibles y es difícil “sacar” las uñas ante un peligro potencial como una multa de hacienda, una denuncia de un paciente, una demanda por calumnias, la sospecha de una infidelidad, una enfermedad de un ser querido, o un “bultito” en algún lugar de nuestro cuerpo que se hace visible con una TAC o una RMN, o, simplemente, el consejo de un médico de tu confianza a tres o cuatro semanas vistas. ¿Dónde están los tigres?.

Por eso, cuando veo a Cristóbal Soria preguntar tan desaforadamente “¿Dónde están los tíos?”, me imagino que su inconsciente paleolítico está buscando algún que otro “tigre” que le hace hervir la sangre. Y si no, miren el video enterito. Les pongo en antecedentes: El hombre esta enfadado porque al Barcelona le metieron un “gol tonto” a pocos minutos antes de acabar un importante partido de la Champions League. Cristóbal, amigo, querrás decir ¿Dónde están los tigres? ¿No?

(¿Dónde están los tigres?)