62. SÓLO SI TÚ QUIERES

A ti, Javier, que luchaste contra el Covid-19 y venciste  al coronavirus…..

Llegamos a un momento en la Hermandad de los Gansos que hay que plantear si realmente queremos ser felices y no perder los papeles ante la exigencia de la vida. La renuncia que, a veces, hay que aceptar, o las veces que toca rendirse o, aún peor, las veces que toca ganar, y no por ello avasallar, a tu competidor (que no tu adversario). Sería bueno acceder a algún tipo de conocimiento que nos lleve a dominar el arte de la vida y, para ello,  recomendamos  cinco importantes axiomas:

  1. Estás actuando todo el tiempo.
  2. Te crees los papeles que interpretas.
  3. También te crees los papeles que interpretan los demás.
  4. Te crees que eres el que se refleja en tu espejo…
  5. Un virus te puede vencer

Estos cinco axiomas, que el autor de los 4 acuerdos, Miguel Ruíz, enseñaba en un curso para estudiantes de los misterios de la vida a través de la metáfora del teatro y el actor, nos ayudan a mirar los conflictos y las preocupaciones con los ojos de la verdad. 

Muy en la línea de mi muy admirado maestro, Alain Vigneaut, uno puede llegar a mirarse hacia dentro y ver su vida como una gran representación y, a raíz de esto, empezará a comprender el papel que juega en esta existencia. El sentido de la vida.

De este modo, descubrimos que, por lo general, nos  limitamos a recitar un guión aprendido desde la infancia, un papel que, a partir de ahora, podremos cambiar a nuestro gusto, e incluso improvisar, y que somos “marionetas en la cuerda de la vida”.

Sólo entonces, decidimos no darle tanta importancia al engreído de turno ni al psicópata integrado que nos ha tocado de contrapunto vital y que existe porque le damos espacio y le alimentamos con nuestra ira, con nuestra rabia y con nuestra dialéctica.

A veces, olvidamos que los seres humanos tenemos la capacidad de materializar nuestras visiones, nuestros sueños y nuestros deseos. Tenemos la capacidad de reescribir el guión de nuestras vidas, la capacidad de iluminar un mundo oscuro. 

Así que, vive y deja vivir con una mentalidad abierta y un deseo ecológico de experimentar, no para consumir, sino para saber, conocer, transformar e iluminar. Entonces, como dice María de los Ángeles Restoy, nuestra editora de la Hermandad, palabras como Hijo, Amor, Respeto, Dios, Morir o Perdón, palabras que dijimos ayer, hoy cobraron ya un significado distinto.

61. SALIR DEL PARAISO

En el 2012 escribí un post en mi blog de entonces acerca del Dolor. Decía que lo opuesto del dolor no es el placer, como podríamos pensar, sino el “confort”. Y, a pesar de que el Confort suele ser muy bonito, no te asegura ni te conduce al placer supremo. De hecho, una persona que vive buscando una vida “confortable” se decepcionará mucho al final de sus días al sentir que pasar una vida evitando el dolor implica, también, no llegar a conocer esos “picos” de sonrisas y lágrimas que forman parte de la vida misma. 

Por más que todos traten de minimizar el dolor en la vida,

el hecho es que el dolor es inevitable. 

La vida es como el trazado de un Electrocardiograma, con sus ondas, picos y altibajos. Por lo tanto, si queremos tener éxito en la vida, la clave no sería correr huyendo del dolor ni eliminarlo por completo —ya que eso es imposible—, sino tratar de entenderlo, vivirlo, atenuarlo y aceptarlo. En el argot “espiritualoide”: Trascenderlo. Existe una terapia metafísica que consiste en “aceptar el dolor”.

El dolor es el precio que pagamos para obtener placer”

Todos los placeres duraderos de la vida —buenas relaciones sexuales, carreras profesionales exitosas, búsqueda de significado— requieren de mucho dolor y esfuerzo para poder ser alcanzados. Lo que llamamos “dolor” es frecuentemente una cuestión de “esfuerzo” y el esfuerzo de ponerse una meta difícil o casi imposible muchas veces es doloroso. El esfuerzo de construir una relación a largo plazo, a veces, cuesta sacrificio y… dolor. De aquí vemos que, a pesar de que el esfuerzo pueda ser doloroso, el objetivo de la vida no debe ser escaparse de él.

¿Queréis un ejemplo? Os lo daré ¿Cuál dirías que es el “placer” más grande de unos padres? … La respuesta es: Los hijos. ¿Cuál dirías que es el “dolor” más grande para los padres? … La misma respuesta: Los hijos.

No es casual, por tanto, que el placer más grande de los padres sea también la fuente de su dolor más grande, porque, cuanto más grande es el placer, más esfuerzo se requiere.  

La búsqueda de la comodidad —“dolce vita”— sin esfuerzo es definida como “decadencia”.

En nuestras retinas están las imágenes de los patricios romanos tumbados a la “dolce vita”, yendo los domingos al circo a ver qué león se come a qué cristiano o qué cristiano consigue sobrevivir y, de vez en cuando, se van a una guerra y se anexionan un país más… Cuando toda una sociedad hace de la comodidad su objetivo principal, la cosa se vuelve “decadente”. De hecho,  el Imperio Romano cayó por la decadencia… estaban demasiado cómodos en sus fiestas patricias, su pan y su circo.

A propósito de esto, existe una película que se estrenó en Málaga el 15 de junio del 2012 que se titulaba “Sácame del paraíso”. La cuento: George y Linda son una pareja que goza de una exitosa, pero muy ajetreada, vida profesional en Nueva York. Sin embargo, George es despedido de su trabajo y su “impresentable” hermano acude a su rescate ofreciéndole un empleo en su empresa de Atlanta. Una vez allí, la perspectiva de tener que soportarle, se hace tan insostenible que abandona y, en el viaje de regreso a Nueva York, dan por casualidad con Elysium, una comuna hippie muy divertida, cuyo sorprendente estilo de vida va a acabar atrapando a la pareja.  

La película propone el choque de mentalidades, la pugna entre dos estilos de vida muy diferentes: el éxito material-económico, simbolizado por Manhattan (ejemplo perfecto de un capitalismo agresivo), frente a un mundo espiritual y más rústico, en plena armonía con la naturaleza, simbolizado por una pequeña comunidad hippie pero también con sus puntos ciegos, incoherencias y manipulaciones.

Aunque la simpática comuna acabará enseñando a los protagonistas, George y Linda, cuáles son los verdaderos valores que realmente importan en la vida: la amistad, la camaradería y la idiosincrasia de poder disfrutar de una existencia tranquila, sencilla, sin agobios, lejos de la aceleración y el stress en que viven los seres humanos en las ciudades convencionales. El espectador puede también ver como en todas partes se cuecen habas y como el ser humano es capaz de adulterar su propia “idea” una vez que se alcanza la zona de confort.

La película, aunque da risa, no es para nada graciosa, se lo podemos jurar, porque todos tenemos que tomar una decisión.  A veces, es pagar el dolor de intentar algo, o el dolor emocional de saber que eres demasiado débil para intentarlo o, a veces, el dolor de renunciar a algo que no te corresponde o el dolor de alejarte de alguien al que por más que le mendigues su amistad, éste no sólo no te corresponde, sino te maltrata y te expolia. 

Otras veces, uno no quiere sufrir el dolor de sentirse rechazado al pedir un trabajo o un favor. Que te nieguen algo que pides también duele. Y, a veces, uno camina en el delgado alambre de que, si no pides trabajo, estás evitando el dolor de la negación, pero, por otra parte, tienes el dolor de ser un vago el resto de tu vida. Si no te atreves a decirle a alguien que la quieres estás evitando el dolor de la negación, pero también tendrás el dolor de no saber si tu alma gemela pudiera haberse quedado en tu vida….

Por eso, y esta es nuestra conclusión, a veces es necesario tener la valentía de salir del paraíso —“nuestra zona de confort”— y bajar al infierno del “dolor” para poder luego “tocar” el cielo con lo “conseguido”.

60. LOS QUE SUFRIMOS

Una de las cosas que más trabajo nos cuesta entender es por qué amamos como amamos y por qué odiamos o rechazamos al “otro” como lo hacemos. En otras palabras, porque sufrimos. Mi teoría, después de treinta años escuchando problemas de la gente y observando tanto el sufrimiento de mi entorno como el mío propio, de ahí el título del post, es que todo radica en la calidad del apego o vínculo que formamos con las primeras personas de nuestras vidas, en la infancia.

La teoría del apego sostiene que en los primeros años de nuestra vida necesitamos crear un fuerte vínculo emocional y físico con nuestro primer y principal cuidador. Y este vínculo psicofísico “infantil” es fundamental para el desarrollo psíquico (y quizás físico también) en nuestra etapa adulta. 

Si nuestro vínculo es fuerte y estamos firmemente unidos, entonces nos sentimos seguros para explorar el mundo. Si nuestro vínculo es débil, nos sentimos inseguros y desarrollaremos patrones de conductas de miedo, de fobia, de contrafobia, de ira y de rabia:

  • De miedo al sentirnos solos.
  • De fobia por la angustia que nos genera creer que no vamos a sobrevivir.
  • De contrafobia de volvernos todo lo contrario que en la fobia, es decir, una huida temeraria hacia delante a lo “Telma y Louisse”.
  • De Ira al sentir la negligencia de la persona que supuestamente nos cuida.
  • Y/o de rabia cuando sentimos que es injusta la pérdida de ese vínculo sin encontrar una causa “lógica”.

Ese patrón se instalará a modo de software en nuestra caja negra el resto de nuestras vidas y limitará (a unos más y a otros menos) nuestra capacidad de amar o nos potenciará nuestra sensación de sentirnos incomprendidos, traicionados, abandonados, etc… Sólo entendiendo esto seremos capaces de “sanarnos” orgánica, psíquica y espiritualmente.

Por eso hay personas que van de terapia en terapia y arrastran su sufrimiento (y sus mecanismos de defensas) por todo su camino, y hay quien en un plis plas cambia el chip, los hay que se refugian en un sucedáneo de felicidad (pero que les vale) y hay otros que van detrás de una cometa que vuela, a veces sin hilo. Y luego, están los muy muy afortunados (y escasos), los que encontraron aquello más cercano a la verdad (ver entrada anterior “Busca y Hallarás”) . 

Entonces… ¿De qué depende el guion de nuestras vidas?

Puede que, por ejemplo, de una buena terapia.

De entre todas las terapias que solucionan este tipo de problemas, personalmente, la que más me impactó en su tiempo (porque pude ver como se vomita la angustia infantil) fue el proceso de Hoffman. Esta terapia guiada, de 7-8 días, diseñada por el psicólogo estadounidense Hoffman, lleva a los pacientes a su infancia para volver a conectarse con sus padres en el momento en que se forma un vínculo. Hay otras terapias más light que también funcionan: Psicoanálisis, Gestalt, Terapia Cognitiva, Terapia Transpersonal, el estudio del eneagrama, etc…

Sin embargo, no todos pueden ir a terapias y, por otro lado, conozco también personas que han hecho el Hoffman y les sirvió sólo un par de meses para alinearse con la vida, pero, más pronto que tarde, volvieron a desarrollar el “software original”. Así que…

¿De qué depende el guion de nuestras vidas?

Honestamente pienso, y lo dejo ahí para sedimentar, porque tampoco es una verdad absoluta ni mucho menos, que los factores que influyen más directamente en el guion de nuestras vidas son:

1.- El Proyecto sentido: es decir la carga programática de los progenitores en el momento de gestarnos. Sus expectativas que lograron impregnarse en nuestro Ser, dándole forma a nuestro “Self” o esencia creando nuestro “Temperamento”.

2.- Del Vínculo afectivo con Papá y con Mamá o sus sustitutos. No basta con sentirnos queridos, sino que necesitamos sentirnos aceptados, seguros, validados, escuchados, visibles, corregidos y apoyados. Y también “enseñados”. Necesitamos a papa y a mama que nos enseñe un modelo para caminar por la vida, alguien que nos de una libreta con sus códigos y prioridades

3.-De su Discernimiento. Es decir la capacidad de la persona para poder distinguir entre lo principal y lo accesorio, entre la Ética y la Moral, entre lo correcto y lo que no lo es.

4.- De la capacidad de sacrificio. Si no ha recibido lecciones de cómo entrenarse en el sacrificio, nuestra vida irá bien mientras sople el viento a favor, pero hay que pensar que, a veces, se levanta un “viento de poniente” que nos pone las cosas difíciles. La capacidad de sacrificio es lo que nos da el grado de resiliencia, que es la capacidad para levantarse de cada caída.

5.- De su grado de vigilia. Como ya hemos explicado en una entrada anterior, está la escalera que va desde la “muerte en vida”, pasando por el estado de “adormilamiento”, etc… hasta el Despertar, que también depende de otros factores, fundamentalmente del número de accesorios que nos obligan a estar “asomados” al mundo (virtual). Mientras más asomados al balcón estamos, menos miramos nuestro interior, a no ser que tengamos “ojos en el c… que no es el caso.

6. Y dejo este para el final por ser el más polémico, el de su “conexión con Dios”. Yo pienso que todos, incluso los ateos y los pragmáticos, etc…, están conectados a Dios. Otra cosa es la rentabilidad y optimización de esa conexión. Saber , no digo “creer”, sino saber que hay un Dios que lo supervisa todo y ante el que, al final, pagamos nuestros errores y se nos premia nuestros aciertos, y que todo, absolutamente todo, es para bien, nos hace ser confiados, optimistas y pacíficos, y nadie querría tomarse la justicia por su mano, pues sabe de ciencia cierta que es fácil “querer” a quien te quiere, pero querer a quien te hizo mal o te pagó mal por bien ¿Acaso es fácil? ¿Acaso es posible? Ahí están las referencias: a un lado, Ghandi; al otro lado, El Melillero (Ver entrada)

Lo dejamos ahí…..

59. BUSCA… Y HALLARÁS!!!

Uno cree que “ve”, aunque lo que hace es “mirar” e interpretar  para buscar el sentido a las cosas. Pero, en realidad, no “vemos”. En eso se basan los “ilusionistas” y el tema de la película “Ahora me ves…”, que les sugiero para las próximas semanas.

Decía Shakespeare en una de sus obras que, cuando no somos capaces de entender la vida bajo las directrices del sistema al que pertenecemos, nos hemos  posicionado, casi sin darnos cuenta, en el punto previo a la reflexión. 

“Reflexionamos” sobre nuestra propia ignorancia acerca de la vida, de nuestra vida, de nosotros, de nuestro YO y cómo todo aquello que no entendemos lo obviamos y seguimos hacia delante, un poco a tontas y a locas. Nunca nos paramos hasta que… empezamos a reflexionar. 

Esa es la imagen que nos transmite el “pensador de Rodin”, cuya foto les puse al principio de este texto y que, quizás, nunca nos ha interesado averiguar sobre qué pensaba el tío en cuestión. 

“Pensaba en lo que venía”, me dijo un sabio, sólo que ha tardado en venir muchos años aquello en lo que reflexionaba, pero al fin y al cabo… todo llega.

Mi pregunta reflexiva es la siguiente:

¿Qué significa  vivir en estos tiempos que estamos viviendo?  ¿Cuál es la chicha de la vida? 

Les cuento ahora algo precioso: una entrañable paciente-discípula —que, además de una profesional cualificada, es una madre abnegada— me escribió hace unos días el siguiente WhatsApp:

“¿Sabes qué me está ocurriendo? —me dijo— estoy vislumbrando que el Amor que siento por mis hijos es sólo una parte muy pequeña de mi capacidad de Amar…

Me quedé sin habla al leerlo. Esta personita en su búsqueda de “algo” estaba ya en la antesala  de encontrar ese “algo” que nadie sabe ni que existe, ni que se llega a encontrar. 

Cuando uno es capaz de trascender y darse cuenta de que todo lo que es capaz de amar se puede sobrepasar, sea amar a una madre, a un padre, a hijos o incluso a otras personas que hemos tratado y rozado,  y, al atravesar la “física”, abrirse a otra capacidad de amar más allá de unos límites físicos… y conocidos, esa persona…”trasciende”. 

Me acordé entonces del axioma “Busca… Y Hallarás” y de cómo hay personas que durante toda su vida están enfocadas en la búsqueda de “ese” algo.

Yo creo que esa sensación de vislumbrar “algo” que se estaba buscando insistentemente es, en realidad, el “kilómetro cero” del largo y turbulento camino de la espiritualidad bien entendida. 

En otras palabras:

Lo que está más allá de los límites de lo físico, más allá del intelecto, más allá del sentimiento, de las palabras e incluso de la cordura…..eso es la esencia, el corazón de la existencia.

Y hay “latido”, hay “pulso” al final de ese agujero de gusano. Se puede “ver” y se puede “oír”. Y el que lo hace pasa de ser una persona divina a ser una “divinidad” personificada… que ni es lo mismo ni es igual.

Además, el hecho de buscar permanentemente algo nos obliga a no “dormirnos” y a mantenernos en un estado de “alerta de scanner” sobre la realidad por la que transitamos diariamente para analizar y procesar su dualidad, trascenderla y quizás poder hallar la “unidad”,  la verdad, aquello que está detrás de la falsedad de lo aparente

“Ahora lo ves,  Ahora no lo ves”: de eso trata la realidad y de eso trata la actitud  ante la vida y en eso consiste el experimento de imaginar, pensar, entender y, finalmente, “discernir”. Esto es así, aquello es de otra manera, yo soy tal y él es cual, etc.. Hay que buscar lo que está detrás de esa “apariencia y es, en eso, sobre lo que el aprendiz de filósofo existencial, nuestro pensador de Rodin, se puso a reflexionar……

Lamentablemente la educación que hemos recibido en los últimos doscientos años, el modo de vida de los últimos cien años, la televisión de los últimos 50 años, los políticos y sus valores de los últimos veinticinco años; la “pseudoespiritualidad” de los últimos diez años, la desconexión  de la divinidad de los últimos cinco años y los miedos del último año no nos han ayudado ni a buscar ni a encontrar nada. 

Todo lo contrario. Si acaso, nos alejó cual astronauta que se soltó de su nave nodriza y se perdió en el espacio. Cada uno, como máximo, consigue un trocito del pastel del entendimiento  y sólo unos pocos privilegiados han podido trascender ese conocimiento para saber la parte que hay de verdad, la parte de ego, la parte de intelecto, la parte comercial, la parte proyectiva, la parte manipulativa, la parte oscura… y, finalmente, la parte… de Dios.  

Yo creo que Dios permanece tan oculto porque han sido tantas las veces que le hemos pedido que salga de nuestras vidas que, como es un perfecto “caballer@”, ya sólo vendrá… si le llamamos… y le buscamos. Y de eso trata precisamente el Cantar de los Cantares del Rey Salomón.

Respecto a la película que os aconsejamos bajo el título de este post, os la recomiendo de veras. Me llama la atención que esté bloqueada en el Youtube de algunos países… ¿Por qué razón? Quizás, porque el eje argumental sobre el que gira la película es el siguiente axioma:

 “Cuanto más crees “ver”, menos “ves”.  Es decir, cuanta más certeza tengas respecto a quién eres y quiénes son los que te rodean… más lejos estarás de acertar. 

Y, si no me crees,  fíjate en las innumerables decepciones que tenemos detrás de una promesa electoral, un anuncio, una llamada con número oculto o los numerosísimos fake news que nos llegan, muchos de los cuales nos creemos casi sin querer. Esta es la reflexión del mes de Julio y, sin más dilación, ya les dejo a solas con la película entera y… con el pensador de Rodín. No se pierdan los primeros 10 minutos!!!

58. HIJOS DE UN DIOS MENOR

 “El agradecimiento es la memoria del corazón.”

Lao Tsé

A menudo, vivimos historias de desamor, de desencuentros o de malentendidos. Las cosas se tuercen de tal manera que, cada día que pasa, es más difícil deshacer los entuertos. Otras veces, lo ocurrido no es producto de un malentendido o de un desencuentro, sino de, simple y llanamente, una disparidad de esencia tal que cuesta trabajo admitir cómo es que “no se rompió antes”. ¿Y saben qué? Las historias rotas no se rompen antes porque siempre hay uno de los dos que se traiciona a sí mismo con tal de que “el otro” siga acompañando o que, al menos, siga perteneciendo al entorno. Ya saben, las buenas maneras… Pero… ¡Pero nada! Es la Historia de Mesala y Ben Hur, dos amigos íntimos que acabaron mal debido a la intransigencia y a la radicalidad de uno de ellos.

Como suelo decir medio en broma (y medio en serio), todos somos “Hijos de Dios”, pero algunos somos más hijos de Dios que otros. O todos somos “iguales”, pero algunos somos más iguales que otros. Y los que no son tan Hijos de Dios, pues serán, quizás, hijos de un Dios… pero “menor” ¡Digo yo!

Son relaciones asimétricas que acaban rompiéndose, sí o sí, por el propio peso de la falta de equilibrio. La Simetría es Sagrada y la Asimetría siempre es el “otro lado”. Hace falta mucha, mucha pedagogía (y ganas) y mucho, mucho amor (y humildad) para saber lidiar con este tipo de situaciones.

Precisamente, la película Hijos de un Dios menor trata de eso: de cómo un profesor con cierto idealismo y visión de cambio entra en una escuela donde debe dar clases a un alumnado sordo. En principio, la directiva de la escuela se muestra reacia al idealismo que transpira el personaje de  James Leeds interpretado por William Hurt. No obstante, James Leeds (Hurt) logra desarrollar una pedagogía participativa donde el alumnado sordo es instado a «hablar». En resumen: hay una fuerte resistencia inicial a algo que finalmente se vence. Pero no siempre es así.

La mayoría de las veces no es así porque el que hace de profesor no suele ser tan idealista o, cuando lo es, resulta que el que es sordo, pero no necesariamente mudo, sucumbe ante la resistencia al cambio y se va rajando y “no veas como raja y como agrede con esa boquita que Dios le ha dado” ….

Pensé mucho en este tipo de situaciones y al final llegué a la conclusión de que el factor más importante en las relaciones interpersonales no son ni la empatía, ni la educación ni el amor. El factor determinante es… la “memoria”. Si no hay memoria, no puede haber agradecimiento y, si no hay agradecimiento, es muy difícil que haya respeto a la trayectoria del prójimo.

Un maestro judío me enseñó de pequeño la importancia de ser agradecido. Para ello, me puso el ejemplo de cómo Moisés, el Pastor que nos sacó de Egipto, no golpeó con su vara al río Nilo, tal como le ordenó Dios para la primera plaga de la sangre, porque él fue salvado del río por la Hermana (Batia) del Faraón. Moisés era agradecido, por lo que, aún a pesar de habérselo ordenado el mismísimo Dios, le pasó la vara a su Hermano Aaron para que él sí lo hiciera.

Otro caso: el Midrash dice que Dios permitió que los egipcios ahogados en el Mar Rojo fueran “devueltos a la playa”, y pudieran recibir sepultura por sus familiares, en agradecimiento a que doscientos diez años antes, cuando el Patriarca Jacob y las setenta almas que le acompañaban se instalaron en Egipto y el Faraón de entonces les recibió y les aprovisionó una Tierra (la Tierra de Goshen) para que se instalaran. Luego la cosa cambio de signo político y llegó la esclavitud… pero Dios no olvidó aquel gesto hospitalario.

El rabino de Torremolinos me contaba hace dos semanas una historia metafórica al respecto, que pone en valor cómo, a veces, dos personas que parecen iguales no son tan iguales. La historia me encantó y por eso se la cuento a continuación. Espero que le encuentren la relación con el tema que nos ocupa. Ahí va:

Había una vez un Rey que tenía un hijo a quien quería preparar e instruir para que, en los próximos años, cogiera el trono y gestionara su país. Para ello, buscaba un “educador” y convocó a modo de “casting” a quienes pudieran dar ese toque de sabiduría “plus” al Príncipe para que, así, éste pudiera coger con garantías las riendas del reino en su momento. Desfilaron filósofos, médicos… muchos con excelentes currículums, pero ninguno convencía al Rey.

Cuando estaba terminándose la lista de los aspirantes, apareció un candidato que decía no tener ninguna carrera, solamente tres masters: Él era Experto en caballos, Experto en diamantes y, también, Experto en relaciones interpersonales.

El rey se sorprendió por esas  tres especialidades tan dispares, pero la soltura del candidato le convenció tanto que  decidió contratarle por un año y que fuera su hijo quien le dijera si era válido o no para su preparación. Así, el Nuevo Consejero firmó su contrato y le asignaron un despacho en el palacio.

Pasaron meses y allá estaba el educador de los tres masters trabajando recopilando datos, pero no veía al Príncipe.

Al quinto mes, surgió la oportunidad de asistir a una feria de caballos invitado por el Ayuntamiento de Córdoba, así que el Príncipe, recordando que ésta era una de las especialidades de su consejero, le pidió que le acompañara.

Ya en la feria inauguró exposiciones y también asistieron a un apartado de venta de caballos. Al Príncipe le gustaban mucho, en especial un alazán joven de pura sangre por el que se interesó. Se acercó para saber su precio y regatear con los vendedores. El precio era elevado, 650.000 Dólares.  Antes de comprarlo, consultó con su Asesor Experto para saber qué le parecía. El consejero se acercó disimuladamente al oído del Príncipe y le susurró:

“Majestad, ni se le ocurra, es un caballo asesino, si lo monta lo tirará y lo pateará hasta matarle”.

El Príncipe quedó impactado, y decidió pedirle al dueño que hiciera una demostración de paseo y doma antes de cerrar el trato. El dueño accedió y, al cabo de unos segundos, el caballo lo tiró y lo pateó hasta matarlo. No daba crédito el Príncipe a lo sucedido y, en gratitud, decidió compensar a su Asesor con 100 Dólares extras por haberle salvado la vida.

Pasaron ocho meses de este incidente cuando El Rey recibió otra invitación, esta vez de Nueva York, para asistir  junto a su hijo a una Feria de diamantes. Al no poder asistir el Monarca, le dijo al Príncipe que acudiera con el consejero, recordándole que su educador también era Experto en diamantes, tal cual dijo. Así que le invitó y se fueron ambos a la séptima avenida de Nueva York, a la feria de diamantes.

En las mejores joyerías de Nueva York, le rindieron homenajes al futuro Rey, abriendo especialmente para él. En una de ellas se quedó el Príncipe prendado de siete diamantes azules y transparentes del tamaño de un garbanzo, que tenían la particularidad de que, cuando les daba el sol, la luz se disgregaba en los siete colores del arco iris.

El Príncipe quiso conocer el precio y le dijeron que era de 160.000 Dólares cada uno, por haber pertenecido a una de las Reinas del Rey Salomón. Estaba a punto de comprarlos, pero antes decidió consultar a su Asesor. Para eso tenía aquel master en Diamantes ¡¡Qué diantres!! Nuevamente, el consejero susurró al oído del Príncipe:

“Ni se le ocurra, Majestad, los siete diamantes son falsos, no valen nada. Cero dólares”.

El Príncipe, azorado, pidió entonces una peritación. Así lo hicieron y, efectivamente ¡Ni un solo diamante era verdadero! Su valor en el mercado eran de 17 Dólares por los siete. Simples bolitas de cristal. Otra vez, en gratitud hacia su asesor, reconociendo que le había librado de una quiebra económica, decidió compensarle con 100 Dólares extras que él gustosamente aceptó.

El Príncipe recordó, entonces, que su padre le había comentado que el consejero era también Experto en relaciones interpersonales y quiso averiguar cuán bueno era en esta tercera área. No quería esperar a una situación concreta que le permitiera “adivinar” sus dotes, así que quiso ponerle en un pequeño aprieto y entonces le interrogó:

Dígame,  usted dijo que también era experto en Relaciones interpersonales. Quisiera ver si es tan bueno como en los caballos o en los diamantes y no quiero esperar. Dígame ¿Qué opina Usted de mí?”

El consejero no sabía qué responder y quiso eludir la respuesta con evasivas, pero el príncipe le presionó. “Le recuerdo que trabaja para mí y quiero saber su peritación de experto. Al fin y al cabo ¿Quién mejor que yo para saber si lo que dice es cierto o no?”

Así que no tuvo más remedio que contestar  al Príncipe:

“Verá, Majestad, ya que me pregunta, le diré que, en realidad, Usted no es príncipe… quiero decir, no es de sangre real y, muy probablemente, haya sido adoptado o recogido, porque pertenece a una clase social muy baja.”

El Príncipe, tras quedarse blanco ante esa respuesta, que para nada esperaba, montó en cólera diciéndole que cómo se atrevía a hacer semejantes afirmaciones. El consejero sólo le dijo que preguntara a su padre y que le confirmara.

Inmediatamente pidió el Príncipe una audiencia al Rey y le preguntó directamente y sin preámbulos si él  era su hijo. El Rey se quedó paralizado… Finalmente pudo contarle que la Reina y él no podían tener hijos y que un Hospicio les ofreció, 25 años antes, la posibilidad de adoptar a un niño de pocos días cuyos padres habían muerto en un accidente. Padre proxeneta, madre prostituta. El niño llegó con apenas 17 días de vida y fue adoptado por los reyes y educado en palacio hasta el día de hoy. Sólo la reina, el rey y la directora del hospicio (que ya falleció ocho años antes) conocían la historia. Y nadie más.

El Príncipe, desesperado, volvió al consejero a preguntarle cómo era posible que hubiera sabido aquello. Nadie lo sabía, ¿En qué se había basado? Lo de los caballos podía explicarse, también lo de los diamantes, pero… ¿¡Eso!?

“Dígamelo para que yo pueda aprender” Dijo el Príncipe. Y el Experto le respondió:

“Muy fácil, Majestad, le salvé una vez la vida y Usted, en agradecimiento, sólo me dio 100 Dólares y no volvió a hablar más del tema. Tasó su vida, la vida de un “príncipe”, en 100 dólares, pero, posteriormente,  le salvé de la quiebra económica y de un bochornoso timo, y usted, siendo Príncipe, en su mezquindad volvió a darme 100 Dólares… eso sólo puede significar que Usted no es un verdadero príncipe, no puede tener sangre real, ni es lo generoso que es un Rey o un príncipe cuando, en su máxima alegría, esa es toda su generosidad.”

“Su naturaleza es la que es, Usted viene de otro nivel, otro estatus social. Podrá ser adoptado, integrado, pero su esencia es la que es. En un acto de mucho agradecimiento, pletórico y con una fortuna inmensa, sólo me dio, magnánimamente, 100 Dólares porque pensó que era lo que valía salvar su vida o su patrimonio. Eso no es de sangre real. En eso me basé, Majestad. En eso me basé.”

Y colorín colorado… este cuento se ha acabado.

57. DAMOCLES

Desde hace ya unos años –probablemente desde el evento de las Torres Gemelas–  podemos ir sintiendo cómo, a la cabeza del mundo occidental, se le va acercando cada vez más su espada de Damocles.

Solo basta ver:

  1. Las imágenes de violencia. 
  2. La escenificación del, cada vez más, desbordamiento de nuestras contradicciones internas. 
  3. La hiperpolarización ideológica.
  4. La pandemia (y lo que vendrá después de la pandemia…) 
  5. Las persecuciones a través de redes –lo llaman jauría virtual– que se hacen ante la disidencia ideológica.

Seguro que hay quien piensa que el mundo es cada vez mejor, más seguro, más libre, más “ideal”; pero, honestamente, si nos atenemos a la objetividad de nuestro discernimiento, me da la impresión que nos alejamos del polo de la vida y, si miramos hacia arriba, podemos ver nuestra espada de Damocles.

La historia de la espada de Damocles arranca  entre el siglo IV y III a.C., de mano de Timeo de Taormina, un historiador griego que se dedicó a escribir una Historia sobre la ciudad de Sicilia cuando fue conquistada en el año 316 a.C. por el tirano Agatocles. Timeo tuvo que exiliarse en Atenas y, allí, comenzó a escribir sus obras históricas. Probablemente regresó a Siracusa unos años antes de morir, cuando la ciudad estaba bajo el poder de Gelón II.

La historia cuenta que Damocles era un miembro de la corte del rey Dionisio «El Viejo», un sanguinario tirano de Siracusa del siglo IV a.C. Como cortesano, Damocles era un constante adulador que pasaba sus días envidiando los lujos y comodidades del rey.

Las repetidas adulaciones envidiosas llegaron a los oídos del soberano y planeó una estrategia como escarmiento para Damocles. Le ofreció intercambiar los roles por una noche para que pudiera experimentar personalmente los placeres que tanto envidiaba. Se organizó un gran banquete para Damocles, que ocupó el lugar del rey y gozó de todos los lujos y privilegios de su título temporal.

Todo estaba bien hasta que Damocles miró hacia arriba y advirtió una afilada espada atada por un único pelo de crin de caballo que pendía sobre su cabeza. De repente, se le quitó no sólo el apetito, sino que los nervios lo obligaron a rechazar el sueño de ser rey con sólo ver la espada amenazante. Le pidió al rey abandonar su puesto, alegando que ya no quería seguir siendo tan afortunado.

Por esta historia, se menciona la espada de Damocles cuando uno se quiere referir a una amenaza constante que puede llevar inesperada y repentinamente a un trágico desenlace. Una excelente metáfora de los inminentes peligros y el precio que se paga por un gran poder. También, la expresión viene a referir los peligros que tiene el exceso de adulación a uno y otro lado “dominante”.

Hemos visto por la Televisión revueltas callejeras violentas. No estoy hablando de España y/o de la situación política actual, me refiero a nuestro mundo occidental. Vimos el numerito del capitolio y  vimos por televisión un hombre bisonte liderando una revuelta, vimos asesinatos de negros a manos de la policía, vimos manipulación de datos, vimos manipulación “en manada”, vimos un presidente que, malo o bueno, se resistía a irse y hemos visto prevaricaciones. Las últimas en nuestro país dejan en pecata minuta las primeras (la del Hermano de Alfonso Guerra, la del Dioni… ¿Se acuerdan?).

No. No es nuevo. Esta realidad no es nueva. Lo nuevo es que ahora es colectivo. Antes, asistíamos a  un disidente, o un equivocado, o un desagradecido, o un iluminado que hacía ruido. Ahora son hordas sectarias que captan adalides “espada en mano” que dicen “conmigo o contra mi”. Lo ves en Cataluña, pero también lo ves en el Gobierno de aquí y en el de Pekín. Y en América, la del norte y la del Sur. 

 ¿De dónde viene tanto caos y agresividad? Y la respuesta es… de la expectativa frustrada.

Si te fijas bien, la mayoría de revueltas se nutren de jóvenes. Le hemos dicho a los jóvenes que son el futuro y que, todo lo que hacemos los supuestamente adultos, es para ellos. Y, ahora, ellos observan que no hay futuro.

Les hemos vendido un futuro de humo y, aquellos jóvenes que sienten que no tienen un sitio en ese futuro de humo, que no están preparados, que no estudiaron, que no trabajaron (bien porque no saben, o bien porque no quieren o bien porque no pueden), se cabrean (se rebelan) y se vuelven “antisistemas”.

No son de derechas ni de izquierdas, son extremistas que no tienen parte en este mundo y buscan un reseteo caótico para otro tipo de sistema donde ellos tengan cabida. Lo que no saben es que, después de ese nuevo sistema, saldrán los antisistemas del nuevo sistema y así sucesivamente.

La culpa es nuestra y la responsabilidad también. Esa es la espada de Damocles acercándose a nuestras cabezas. Ya  no es el ISIS, esos vienen con espadas físicas, y los nuestros vienen con la de Damocles, la espada Ideológica. Mejor dicho Anti-Ideológica. No miren para arriba, vaya a ser que vean una espada pendiendo de una crin de caballo y se les pase las ganas de seguir leyendo…..

56. NO SE DAÑA A QUIEN SE QUIERE

“Homo homini lupus: El hombre es el lobo del hombre… El hombre es un lobo para el hombre” 

En mis tiempos, el “Melillero” era un ferry de la compañía Transmediterránea que hacía la ruta, tres días en semana, del Mar de Alborán (Málaga-Melilla y Viceversa) durante la noche porque el viaje duraba más o menos unas 8 horas.

El “Melillero”, hoy día, es el hijo de Abdou (un legionario nacido en Senegal), y ha pasado a la historia de la oscuridad por arrojar “ácido sulfúrico” a la cara de Sandra, su ex-pareja, aunque bien podría haber sido su “pareja”, o una amiga, o una ex-amiga… vaya usted a saber. En cualquier caso, alguien con la mala fortuna de haberse cruzado en la vida con un “lobo”.

Dice un libro denominado “Mozne Tsedek” (La Balanza de la Justicia) que el Abuelo es para su familia como un profeta es para su Pueblo. De eso, los Judíos sabemos un rato. Mantenemos el contacto con nuestra línea ancestral. Los ancianos de hoy día saben que hay muchos melilleros y muchas Sandras en la vida. De hecho, los hay, los hubo y los habrá. Quizás, hoy más que ayer, pero menos que mañana, como dice el lema de la medalla del amor. Paradoja de la vida que diría el mío (me refiero a mi abuelo).

No todos arrojan ácido sulfúrico a la cara, pero casi. Los hay con otras prestaciones, aparentemente, más comedidas que arrojan calumnias, insultos u otras variantes corrosivas sobre una también variante de la cara: el corazón o el alma del resto de bobalicones del mundo (o sea, nosotros). 

Para ellos, siempre hay un motivo. En realidad, siempre hay un “motive” para hacer algo. Nadie hace algo sin motivo. El terrorista tiene sus motivos, el suicida tiene sus motivos, los hijos de Abdou tienen los suyos, los bobalicones también. Parece mentira que en una sociedad tan “desmotivada” existan tantos motivos sueltos por ahí. Otra paradoja.

Tener “Motivo” no significa “tener razón”.

Detrás de un motivo suele haber  un sentimiento o un pensamiento. Lo malo del primer caso es que, si el sentimiento cambia, el efecto corrosivo del ácido permanecerá. Me pregunto ¿Tendrá ese acto perdón? ¿Perdonará Dios? ¿Perdonará Sandra? ¿Y en los casos en los que yo, de una manera u otra, haya echado, a través de mis palabras, ácido al Corazón o al alma de algún ser humano, con o sin “motivo”, se irá el efecto corrosivo? ¿Me perdonarán? 

Leo en la prensa acerca del Hijo de Abdou:

“Sus padres hace mucho que dejaron de intentar controlar a José Arcadio, un animal salvaje y malo como es él”, explicaba este viernes al reportero un melillense que conoce bien a Abdou Majid D. D., el legionario nacido en Senegal y casado con Saida N., una marroquí de nacimiento, pero nacionalizada española.

“El hijo es el diablo”, asegura un militar que coincidió con Abdou durante un tiempo en la ciudad autónoma.

Sandra tiene afectado el 45% del cuerpo, con quemaduras “muy profundas”, principalmente en el rostro, el cuello y el pecho. Sus vías respiratorias también están dañadas. Su amiga tiene una evolución más favorable, aunque continúa grave en un hospital de Málaga con quemaduras en la cuarta parte de su cuerpo.

Dicen de Jose Arcadio que “es un lobo de colmillo afilado” y que, antes de cometer la barbaridad que cometió con Sandra y Cristina,  ya llevaba un año en busca y captura. Con una veintena de reseñas policiales en su expediente, tenía siete órdenes de detención por robo con fuerza, malos tratos, conducción sin carnet… Tres de ellas conllevan su ingreso inmediato en prisión. 

Y es que, cuando el Mal anda suelto de su jaula, es difícil echarle el lazo. Igual pasa con nuestro mal humor, nuestra lengua, nuestra mirada, nuestra indiferencia o nuestras “armas secretas”, una vez que las sacamos a pasear…

Pero somos cómplices. De él y de los otros que son “como él”. Porque, mientras que no nos ataquen a nosotros, todos callamos porque somos muy políticos y correctos e, incluso, le pedimos su voto. Mientras su manada ríe las gracias al lobo alfa y lo tapan como una disculpa: “Es que tiene un pronto malo, pero es bueno”. 

Su novia rompió con él a mediados de diciembre cuando, en una discusión, ella sufrió un corte profundo en una mano con un cuchillo. En el hospital, donde la cosieron, dijo que había sido el perro. Debía haber dicho un lobo y, así, aunque mintiera, nos hubiera dado una pistilla…

A partir de ahí, José Arcadio comenzó a amenazarla y perseguirla, hasta que la quemó con ácido. Pero, ¿Cómo ha podido suceder? ¿Cómo un prófugo de la justicia ha podido pasar un año sin que se le aprese y acabar dejando a dos mujeres al borde de la muerte? se pregunta ahora “el entorno” de las víctimas (y el del agresor). Pues porque es un lobo que lleva en la sangre “atacar” para sobrevivir.

Sabe que no es querido. Sólo temido. Ni siquiera respetado. Eso lo lleva desde pequeñito, no es que la vida lo haya tratado así. Siempre encuentran una manada que los jaleen y les ría sus gracias. En el fútbol y en el  antiguo Israel esas cosas no podían pasar porque, allá, en el desierto, si la cagabas, te sacaban del campamento siete días.  

Parece mentira que nadie le haya podido decir o enseñar que no se daña a quien te quiere. Tampoco a quien no te quiere, pero a los que te quieren… “jomío” ¿Cómo y quién te va a perdonar haber restado luz y alegría al mundo con lo justito que andamos de electricidad?… ¿Será que quieres que volvamos a las antorchas y a los quinqués? En el fútbol te sacan tarjeta por mucho menos que eso y te tienes que ir, ya seas Messi o el padre de Messi. 

Sigo leyendo la noticia:

“Algunos le sacaban tres y cuatro años. Formaron una banda que traía loca a la ciudad”, explica una alta fuente policial. Robos en casas y coches, peleas, agresiones a otros menores, vandalismo… Se le detuvo en tantas ocasiones que pasó a estar tutelado por el gobierno de Melilla durante sus años de adolescencia, lejos de su familia. Los jueces conocían bien sus fechorías, pero…. 

Y este es el mundo paradójico en el que vivimos, en el que, aun a pesar de tener tecnología y libertad democrática, tenemos miedo de salir de casa, vaya a ser que nos topemos con un virus microscópico que no veíamos venir, pero no tememos intimar con un lobo humano que si veíamos venir….. 

55. AVERÍA EN LOS CONFINES DE LA GALAXIA

Habíamos escrito en la entrada 42 (Relaciones Asimétricas) que el Universo guarda una simetría, que llamamos “Simetría Sagrada”, que es la que sustenta, de forma “sana” y armónica, las relaciones entre las personas, no sólo en las relaciones de pareja, sino también entre amigos, compañeros de trabajo, familiares, etc… Y cuyos principios, según explicábamos en aquella entrada, eran: El principio de equivalencia humana (la igualdad de todos los seres humanos como premisa básica), más el  principio de cuidado al otro y de sí (uno puede ocuparse de sí mismo sólo si se conoce y, con más razón, podrá, en ese estado de conciencia, “cuidar” y ocuparse del “otro”), y por último el principio del compromiso (mirar al otro, dejarle su espacio vital y, no sólo darle su espacio sino, además de hacerlo visible y tenerlo en cuenta, respetarlo. Y, por respeto, queremos decir “darle su sitio”).

Estos tres principios, escribíamos entonces,  son los que definen las relaciones simétricas y concluíamos que  la simetría es, precisamente, la Ley que sustenta el Orden de Amor al que antes habíamos hecho referencia.  

Avería en los confines de la Galaxia es un libro  de un autor Israelí galardonado en 2019 con el Sapir Prize y el National Jewish Book Award que tiene como hilo conductor precisamente la pérdida de esa simetría y, por tanto, nuestra incapacidad de comunicarnos entre nosotros, nuestra incapacidad  de comprender el mundo que nos rodea y, sobre todo, nuestra incapacidad de entendernos los unos a los otros.

En definitiva, el libro, que da título a nuestra entrada de hoy, trata de todo aquello que hemos planteado en los últimos post de este blog cuando “algo se rompe” en el corazón del Universo y de cómo, aún sin haber sido reparada la avería (incluso sin ser consciente de que se ha producido la avería), esperamos que amanezca en nuestra semioscura existencia con esa luz que siempre ha estado titilando en nuestra noche y que mantiene viva la chispa de una conexión universal. Y, esta vez, cuando digo “universal”, quiero decir “Dios”. Así. Sin más (pero sin menos). 

El autor de este libro,  Etgar Keret, es un profesor en el departamento de Cine y Televisión de la Universidad de Tel Aviv. Su tesis es que la “pérdida de esa simetría” produce la desconexión de nuestra fuente de origen y la pérdida de conexión nos lleva a perder la capacidad de empatizar y esto, a su vez, nos lleva a la no-comunicación, con todo lo que ello supone.

No es ningún desconocido. Su película Jellyfish, mereció los premios Cámara de oro, Mejor Película y Mejor Guión en la Semana de la Crítica, en el festival de Cannes de 2007. Etgar  ha sido condecorado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras 2010 por el Ministerio de Cultura de Francia.

El tema da para elucubrar toda nuestra primavera 2021 y supone  una nueva vuelta de tuerca conceptual a todas las vergüenzas y vulnerabilidades que nos ha mostrado el Virus SARS desde Marzo del pasado año 2020, sobre lo cual ya hemos escrito, y viene a decir que no somos tan listos, que somos insolidarios, que vamos a lo que vamos y que, en palabras del autor de este libro, vivimos en la “Eurovisión del victimismo”. Sólo tienes que atender a programas como Sálvame Deluxe, la Isla de las Tentaciones, Gran Hermano, etc…

La profunda empatía que sentía Etgar por sus padres, supervivientes del Holocausto, le llevó desde muy pequeño a bloquear sus deseos y sentimientos. De hecho, nunca lloraba ante ellos ni les llevaba la contraria. 

“Sentía que no tenía derecho a quejarme si otros chavales me pegaban o me quitaban juguetes cuando sabía que mi madre, desde muy niña, había visto morir por disparos a su madre y a su hermano y había perdido a su padre un año después. De alguna forma, quería compensarlos por esa vida tan penosa”……

Uah! : eso sí que es saber caminar hacia delante pero mirando por el retrovisor para ver lo que vamos dejando atrás en nuestro avance. 

No podemos decir que lo que  hacía lo hacía por amor a sus padres, sino por respeto,  porque su  madre se crió tan carente de amor en un orfanato que, de adulta, “no se puede dar lo que uno carece”. Su madre no sabía llevar una familia, pero, consciente de sus carencias, eligió compensar con otros “recursos”.  Con sus dos hermanos —una ultraortodoxa con 11 hijos y un activista propalestino— creció en un hogar que era como una comunidad, donde todos opinaban, todos sugerían, todos decidían y todos acataban.

Cuando has crecido en ese contexto –dice él en una entrevista– es muy difícil estar, por ejemplo,  en el Ejército, donde nadie quiere que pienses y hagas cosas por ti mismo. Y en esa tesitura llegó, como todo en la vida, el día de su despertar: El día en que su mejor amigo, también soldado, se suicidó y murió en sus brazos. 

Ese día me di cuenta de que en algún lugar de la Galaxia había una avería y que nadie se había  dado cuenta. Y esa avería se llama “DESCONEXIÓN”.

En ese momento, decidió  ejercitar el músculo más débil del cuerpo humano: el de la empatía, el eslabón débil de nuestra esencia. Fue entonces cuando creó su propia Hermandad de los Gansos mediante sus libros y sus cortometrajes, y el axioma de su hermandad es “Actitud”. Una actitud neutra, equidistante entre un polo y otro ideológico, manteniendo un criterio propio, una autocrítica equilibrada, una coherencia y un espíritu “libre”.

La prueba de que va por buen camino es que tanto la Derecha como la izquierda israelí no lo tragan, precisamente por ser “un verso suelto”. Y es que  se puede ser un verso suelto y estar dentro de un libro de poemas. De eso se trata. Es todo lo contrario del “tribalismo” de la postverdad al que nos referíamos al hablar de Garbancito ¿Recuerdan?

Ese es el mérito de este señor y su aportación al mundo. Garbancito tiene su responsabilidad, Rociito también y no te digo nada de Antonio David. Y los que vemos estos programas tenemos la nuestra. Es decir, nosotros alimentamos el despropósito y lo vemos todo como una película que seguramente tendrá un final feliz, olvidando que muy pocas veces hay un final feliz cuando el guión está desconectado y las escenas hábilmente manipuladas. Lo que siempre hay es un final.

Sólo existe el final en el mundo físico, por eso se llama “finito”, porque como está escrito en alguna hoja del libro de las crónicas del mundo que me leía mi abuela cuando era muy pequeño:

Nada es Eterno: El café se enfría, el Humo se disipa.

El tiempo pasa, las cosas pasan, 

lo bueno pasa, 

lo malo también pasa, la gente cambia ….

Y nosotros también pasamos….

54. GARBANCITO…

La vida se vive hacia delante pero cobra sentido mirando hacia atrás (Kierkegaard)

Uno de los primeros cuentos que escuché en mi vida fue el de “Garbancito”. Me lo contó mi madre. Garbancito era un niño muy pequeño que, cierto día que llovía mucho, se refugió debajo de una col y un buey, al comerse la col, se comió también a garbancito. El relleno del cuento gira en torno a las peripecias del protagonista para poder encontrar el camino de vuelta a casa.

La “postverdad” y el postmodernismo, de los que ya escribimos en una entrada anterior, ha generado muchísimos garbancitos de turno que nos han pedido que lo desarrollemos más ¿Recuerdan esa entrada? Se titulaba “Las palabras y las cosas”.

Este tema nos surgió a raíz de darnos cuenta de cómo, en este año pandémico, la fuerza de las convicciones nos ha llevado al desacuerdo ideológico, de lo mucho que somos capaces de ir más allá de la evidencia que sustentaba la “verdad” para llegar al “más allá” después de ella (por eso se llama “postverdad”) y, también, de cómo nos enrocamos en nuestro pensamiento y dejamos que el avatar (la postverdad) nos fagocite para, sin darnos cuenta, no pensar en “algo”, sino convertir ese “algo” en nuestra verdad.

Como escribíamos en aquel post,  la postverdad es la denominación de origen de la cara “B” de la actual “era de Acuario” que recibe el nombre de  “postmodernismo”. Lo que el postmodernismo ha traído ha sido que las evidencias sobre algo o alguien ya no son suficientes, ni tampoco la educación o la pedagogía recibida sirven. 

En este año, os ha pasado que ha llegado a vuestro Whats App alguna reflexión que os hubiera gustado contestar para discrepar, pero, finalmente, optasteis por el silencio porque pensabais que iba a ser mejor el silencio. aunque ello supusiera darle la batuta al… ¿“Tribalismo” ideológico?

Entonces ¿Cómo dialogamos o convivimos con alguien que te rechaza por tener un desacuerdo ideológico?

¿Se puede hacer algo?

El tribalismo en el que nos hemos instalado llega cuando uno acaba identificándose tanto con lo que se piensa que cae en la tentación de unirse, y hacer causa común, con los que piensan igual aunque tengan etnias, biografías, naturalezas, etc… distintas. Es decir, la persona en cuestión se siente tan amenazada que se afilia a la “manada” que mejor le brinde su apoyo en el grueso conceptual de lo que piensa, aunque, en los detalles finos, no haya mucha concordancia.

La unión hace la fuerza y lo que prima en el momento presente (en la huida hacia delante) es la supervivencia ideológica y no hay tiempo para la mirada atrás. De ahí el tribalismo. Y éste provoca una respuesta filosófica.

La filosofía contrarresta el tribalismo.

José Carlos Ruiz es un profesor cordobés doctorado en Filosofía Contemporánea y especializado en pensamiento crítico y su aplicación en los diferentes procesos formativos. María José Coronado es otra estudiosa de filosofía que ha desarrollado, desde su plataforma BePop, el concepto de “Huertos Filosóficos” como espacio ecológico necesario para que prenda en las conciencias infantiles de los niños el pensamiento individual, la crítica y la autocrítica reflexiva como referente ante el tribalismo emergente.

José Carlos, desde su tribuna, analiza la sociedad hipermoderna y nos acerca al arte de  pensar en nuestra cotidianidad mediante libros como “De Platón a Batman: manual para educar con sabiduría y valores” (2017).

Según él, y creo que tiene razón, las redes sociales del postmodernismo han conllevado una modificación de nuestra identidad que se ha mimetizado con todos los amigos virtuales, tanto que muchas veces se necesita una brújula para no perder nuestro propio “self”. Ya no es tanto lo que está ocurriendo, sino lo rápido que está ocurriendo este fenómeno. Estamos tanto en el instante y en la inmediatez de lo que viene que ya no miramos hacia atrás para saber cuán lejos o cerca estamos de nuestra casa.

Empezamos apoyando con un like sincero a un concepto con el que estamos de acuerdo y, sin embargo, un día nos encontramos dando nuestros “likes” a lo que ya se ha convertido en nuestra tribu ideológica. Así, apenas sin darnos cuenta, en un plis plas, uno ya forma parte de esa radicalidad que “ayer” veía en los “otros”. Como esto lleva al sin sentido y esto, a su vez, al “desánimo”, de ahí la frase de Kierkegaard con la que iniciamos esta reflexión:

Sí. La vida se vive hacia delante, pero cobra sentido sólo mirando hacia atrás y, así, ver que, como a garbancito, muchos días de lluvia nos han alejado de casa.

La saturación de la información que nos proporciona cada instante que estamos viviendo nos ha traído la pérdida de nuestra capacidad de asombrarnos y, cuando dejamos de asombrarnos, ponemos el “automático” y perdemos motivación. Y, cuando perdemos la motivación, entonces, nos llega el “desánimo”. Y ese es el tema del último libro de nuestro amigo José Carlos: “Filosofía ante el desánimo”.

Y, en este sentido, la pandemia nos brinda la oportunidad de jerarquizar dónde poner nuestra intensidad, nuestra prioridad, nuestros valores, nuestro “criterio”, dónde acaba lo “virtual” y dónde empieza lo “real”.  Y no sólo es ya una cuestión de “dónde”, sino “hasta dónde” somos capaces de ir en nuestra huida hacia delante. Hasta dónde somos nosotros y hasta dónde es el “avatar” que forma parte de nuestros rollos virtuales.

El desánimo surge cuando el “ánimus” se va, porque ya no tiene razón de estar, al no poder competir con el avatar y, entonces, ya no hay nadie que frene al avatar que al final usurpa nuestro Yo y nos esclaviza sin darnos cuenta.

¿Cómo no se va a ir nuestra alma aburrida ante tanta “realidad virtual” si ella no  es 100% “real” ni tampoco es 100% virtual? Como tampoco lo que vemos “en directo” es necesariamente “en vivo”. Por esta razón, Michael Laitman sugiere que quizás Occidente esté entrando, en estos momentos, en Egipto para ser esclavizado, como hace 3000 años ocurrió con los antiguos israelitas. Habrá que estar expectante ante la incertidumbre de lo que ocurra en esta nueva situación y lo que ello conlleve.  Pero de esto hablaremos… después de la publicidad.

53. SI TUVIESE UN MARTILLO

Cantar de los Cantares 6 11: 

Bajé al huerto de los nogales para ver  los frutales de las cañadas

y observar si estaba en cierne la viña y si habían brotado los granados….

Valdría la pena venir al mundo –dijeron los alumnos de Rabí Shimon Bar Iojai– sólo por escuchar las explicaciones  del Maestro acerca de los secretos de por qué y para qué uno viene al mundo, tal como dice el Rey Salomón en el capítulo VI del Cantar de los Cantares: Bajé al huerto  de los nogales  para ver  los frutales de las cañadas y observar si estaba en ciernes la viña y si habían brotado los granados… ¿Desencriptamos el verso?

Cuesta trabajo asimilar que en nuestro mundo  cohabiten el Mal con el Bien. Pero así es nuestro mundo. Cuando Eva comió del fruto prohibido (el conocimiento intelectual), la serpiente (el mal) se introdujo (simbólicamente) en ella, de tal manera que ya formaría parte de la dualidad que nos gobierna. 

Eva perdió su “libertad” de pensamiento, quedó esclava de su EGO y la serpiente perdió sus patas. Desde entonces, se arrastra y hay enemistad de por vida entre ella y la mujer.

Cuando posteriormente el pobrecito Adán “conoció” a su mujer ella quedó embarazada de dos gemelos: uno contaminado del veneno de la serpiente (Caín) y otro fruto de Adam “aséptico” (Abel). 

La historia de los primeros hermanos de la humanidad, como es público y notorio, no terminó nada bien. Y, desde entonces, lo que hay es buena gente, gente buena, mala gente y gente mala. Esto ya lo hemos escrito en entradas anteriores.

De lo expuesto en la introducción que hemos hecho, al decir que Eva quedó contaminada del “EGO”, deducimos que El Mal –la carencia– es ser egocéntrico y egoísta, buscando siempre el deseo de “recibir para uno mismo”, mientras que la tendencia del bien, con su “asepsia”,  es la de compartir y todas esas melindreces y cursilerías que dicen acerca de los “buenos”. 

Digo esto porque parece que Abel era bueno, pero algo simple o tonto, y que, para algunos, Caín no era tan malo, sino que sólo  tenia un “pronto” malo!!!

Hoy todavía vemos madres orgullosas de lo “listos” que son sus hijos cuando, por ejemplo, le dan el brócoli al perro y… angelito –me dicen– es muy chico… Y añaden: pero es más listo… cuando lo pillé me dijo que era para que el perro creciera.

La pregunta es: 

¿Nacemos buenos y nos hacemos malos o nacemos malos y debemos de enderezarnos y mejorar?

La respuesta da para llenar dos blogs y un facebook entero, pero no quiero dogmatizar y que se dé por supuesto nada. Prefiero dejar la pregunta que vuele al viento virtual y que contestéis vuestra opinión cuando podáis, queráis y sepáis.

Dice el libro de las Crónicas del Mundo que los errores (del mundo) son el fruto de nuestra acción y, como todo “fruto”, los hay como la nuez, cuya cáscara es francamente dura para acceder al interior (que sería la luz). Y puestos a ver los “frutos” de nuestro jardín, podemos acceder a un nivel superior para ver otras frutas cuyas cáscaras, que protegen (pero que también parasitan) la luz interior, son mucho más fáciles de pelar, como es el caso del plátano, y aún más superior como pudiese ser la manzana o una pera o las uvas, en la que la cáscara es tan fina que ya es posible ingerirla sin pelarla. Así hasta llegar a un nivel en el que una fruta, como la fresa, carece de cáscara y permite ser comida (acceder a su interior) directamente previo lavado bajo el grifo.

Por esto se sabe  que a medida que nos elevamos y depuramos el mal, la carencia, éste será cada vez más tenue y dispondrá de menos anclajes para permitir la parasitación del bien.  

En nuestro nivel, que, metafóricamente, es llamado el Huerto de los Nogales, por razones obvias,  se trata de saber partir nueces con un martillo –no vale otro objeto duro como el corazón o la cabeza del prójimo– o un cascanueces al uso –aunque yo creo que eso es ya de profesionales– y, así, liberar la luz para ingerirla.

Dice el Zohar que cada letra de la palabra EGOZ  (Nuez en Hebreo) representa una contraposición a cada una de las letras del nombre de Dios, de cuatro letras, y la cábala considera que, todo el tiempo en el que la Nuez no esté rota, nos hace vivir una situación similar al Caos, porque el Caos es la oscuridad, y, aunque haya luz, las cáscaras de tantas nueces sin partir nos impide el paso de la luz para que podamos “ver”. 

Es sorprendente el hecho de que el fruto de la nuez se parezca a un “cerebro”!!! un cerebro verdaderamente iluminado al servicio del Bien.

Este es el secreto desencriptado de la frase del Cantar de los Cantares con el que abrimos el post:

 “El Guinat Egoz Yaradti”… Vine al mundo –el huerto de los nogales–  para ver (evaluar) el estado de nuestra conciencia y la graduación de luz que nos permitan observar si la viña (las uvas)  está en ciernes y los granados (bajo la cáscara hay infinidad de lucecitas) lucen y llegan a donde tienen que llegar para ser contabilizados.

Y, cuando uno no es capaz de romper la cáscara de la nuez, uno se queda delante de los nogales sin poder comer los frutos de su acción… y uno debería tener el suficiente deseo y humildad como para buscar un martillo y aspirar a “cascar nueces”. 

¿Y cómo se cascan nueces? Cuando uno da o comparte en contra de la lógica del ego, del sentimiento o de la conveniencia, los “atributos” que creamos con nuestras acciones antiegoicas tienen la suficiente contundencia para romper una gruesa cáscara, y un día, sin darnos cuenta, nos volvemos “cascanueces profesionales”.